Fatima Canosa Pena es diplomada en Biblioteconomía y Licenciada en Documentación por la Universidade da Coruña (UDC). Desde el año 2016 coordina el servicio de bibliotecas municipales de Narón. Ha trabajado en bibliotecas públicas y de centros educativos desde hace casi 20 años. También en bibliotecas especializadas de museos y como digitalizadora.
Fátima ¿qué momento vivido entre las estanterías de una biblioteca cambió por completo tu manera de entender el valor social de esta profesión y qué enseñanza sigues aplicando desde entonces? Pues una primera pregunta que me lleva a la enjundia de mi vocación bibliotecaria, su valor social. Yo diría que ese momento ocurrió siendo yo becaria en la Biblioteca Ánxel Casal de Santiago. Se acercó al mostrador una niña de unos 11 o 13 años que venía de la mano de su abuela y me pidió que la hiciera socia, que quería que su abuela leyese la prensa, revistas o algunos libros mientras la acompañaba cuando ella hacía los deberes del colegio. ¿Cuánta información tenía delante de mí? Compartir tiempo juntas, ganas de explorar y aprender, sentir que están en un lugar que tiene algo que ofrecerles y donde sentirse a gusto.
Tanto abuela como nieta se mostraban ilusionadas de poder formar parte de la comunidad de personas usuarias de la biblioteca, y yo comprendí que nuestro valor reside en empoderar a las personas, reforzar y crear vínculos a través de la cultura.
A lo largo de tu trayectoria has trabajado muy cerca de la ciudadanía; ¿qué historia personal de un usuario o usuaria ha dejado una huella imborrable en ti y por qué? Bueno, hay una mujer de más de 85 años que viene a la biblioteca a menudo y para mí es ya inevitable abrazarla cada vez que llega. Viene a la biblioteca “a encontrarse con la vida”, eso me dijo una vez.
Vaya por delante que yo tengo debilidad por las personas mayores, pero con Josefa, que así se llama, tengo un vínculo especial. Ella llega siempre con una sonrisa, comenta el editorial del periódico conmigo, me cuenta lo que compró en las rebajas o los viajes que hacía cuando era más joven con su grupo de amigas. A veces hasta me enseña las compras que trae guardadas en su andador. Hubo un día que en el medio de la conversación hizo una pausa y continuó: “¿Sabes cuál es mi palabra favorita? Paz”. ¿Tienes alguna opción ante eso que no sea quererla?
Quizás lo que te cuento no tiene demasiado de particular, pero yo la admiro realmente, le tengo mucho cariño. Fue y sigue siendo una mujer adelantada a su tiempo, con inquietudes y siempre alguna aportación que hacer de la que aprender. Trata de adaptarse y entender la sociedad en la que estamos la juventud (dice ella que yo también soy joven… jajaja), y eso me emociona. Su inteligencia intelectual y emocional no deja de conquistarme.
Si pudieras desmontar una única idea preconcebida que todavía persiste sobre las bibliotecas públicas, ¿cuál elegirías y cómo demostrarías que la realidad es muy distinta? Pues muy a mi pesar, yo creo que en general, de cara a la sociedad las bibliotecas todavía permanecen en el imaginario de la gente como lugares a los que ir a estudiar, llevar libros en préstamo y sus actividades, digamos, típicas: clubs de lectura y cuentacuentos. Sin embargo, las bibliotecas son consideradas, sobre todo en el ámbito profesional, como ese “tercer lugar”, después del hogar y el trabajo, donde encuentras un refugio. Un refugio cultural (y hasta climático) donde estableces vínculos con otras personas, asistes a un concierto, ves una exposición de pintura, te inicias en la vida deportiva y saludable por la charla a la que fuiste la semana pasada, mejoras tus habilidades lingüísticas conversando en otros idiomas, aprendes a verificar la información, intercambias recomendaciones de lectura e impresiones con otras personas…
Catas de vino, clases de yoga, teatro, baile, cinefórums, paseos literarios por el municipio, intercambio de semillas, etc. En definitiva, un sinfín de actividades donde se establecen lazos entre la comunidad, se quiere provocar el descubrimiento y el pensamiento crítico, donde la biblioteca se constituye como la puerta de acceso gratuita a los derechos culturales de la ciudadanía.
¿Cómo consigues equilibrar las necesidades institucionales con la creatividad necesaria para que una programación cultural resulte cercana, inclusiva y verdaderamente significativa? En la posición que desempeño en la biblioteca no tengo la última palabra a la hora de tomar decisiones, pero sí hago propuestas, de las cuales, algunas se llevan a cabo y otras no. A mí me gusta pensar en las bibliotecas como instituciones que no dejan a nadie atrás, mediadores culturales donde nadie sobra y nadie debería faltar. Sobre esto escribí en uno de mis artículos en Biblogtecarios, y en él manifesté que la inclusividad se da cuando se consigue que las personas desarrollen el sentido de pertenencia, de sentirse importante dentro de la sociedad, y la biblioteca puede actuar como un magnífico catalizador para ese objetivo.
Hay quien dice que ya está todo inventado, pero yo creo que siempre hay una nueva manera de ofrecer y reversionar nuestros servicios. Si la sociedad cambia, las bibliotecas cambian con ella, o deberían.
Para mí lo más complejo es adaptar las ideas a la realidad que tienes en tu día a día, que suele estar relacionada con escaso personal y presupuesto, instalaciones inadecuadas, o una burocracia administrativa que minimiza el proceso creativo de forma significativa.
La segunda parte y más compleja, sería conocer realmente el impacto que generas en la sociedad, en las personas usuarias que acuden a la biblioteca y disfrutan sus servicios. ¿Cómo podemos saber si es realmente significativo nuestro trabajo? Creo que los recuentos estadísticos y encuestas te dan una devolución informativa en forma de “dato”, pero lo que para mí causa un impacto real es la faceta humana, lo que te comentaba antes respecto al sentirse importante dentro de la sociedad, y eso es muy difícil de ponderar.
En un momento en el que la información circula de forma inmediata, ¿qué papel crees que debe asumir la biblioteca como espacio de pensamiento crítico y alfabetización informacional? A principios del año pasado, la responsable de la biblioteca donde trabajo y yo asistimos a una formación sobre la desinformación y el papel que juegan las bibliotecas en este sentido de cara a proporcionar herramientas a la ciudadanía que le ayuden a identificar bulos, noticias falsas, familiarizarse con el proceso de verificación y poderlas contrastar, así como a detener su difusión en la medida de lo posible. Ese era nuestro objetivo de aprendizaje y creo que debería ser también el papel de las bibliotecas en este sentido.
¿Cuál ha sido el proyecto más complejo que has coordinado, qué obstáculos inesperados aparecieron durante el proceso y qué aprendiste de aquella experiencia? No recuerdo ninguna especialmente compleja, pero sí que te puedo decir que, en mi trayectoria, las dinámicas más complicadas a nivel organizativo se dan cuando intervienen diferentes entidades, con recursos humanos y condicionantes propios, y que además implica algún tipo de logística que nos lleva fuera de las paredes de la biblioteca.
A mí me gusta ser bastante previsora y tener todo lo posible bajo control, y aunque según en qué medida y circunstancia puede ser una ventaja, también puede ser una limitación. Los listados, guiones u objetivos con los que comienzas para llevar a cabo una idea pueden acabar siendo algo totalmente diferente a lo que pensabas inicialmente. Sigo aprendiendo a ser más dúctil.
Las bibliotecas también son espacios emocionales. ¿Qué importancia conceden hoy a la escucha, el acompañamiento y la creación de vínculos entre personas de distintas generaciones? Hay una cita que a mí siempre me gusta mucho recordar: “El activo más importante de cualquier biblioteca se va a casa por la noche: el personal bibliotecario”. Esta frase la dijo un antiguo presidente de la Biblioteca Pública de Nueva York, Timothy S. Healy. Los servicios, colecciones, actividades o incluso la cobertura legal que pueda empujar a las bibliotecas a desarrollar sus funciones pueden caer en saco roto si no se cuenta con personal bibliotecario con capacidades emocionales. Somos como benefactores y facilitadores culturales, pero lo que reamente importa es la empatía, la calidad humana de las bibliotecarias y bibliotecarios como individuos, y cómo enfocan ese capital en las personas usuarias y lo hacen transversal a todo el trabajo que llevamos a cabo. Lo de ser dispensadores automáticos de información se lo dejamos a la IA.
Si una biblioteca pudiera hablar al finalizar cada jornada, ¿qué crees que contaría sobre la sociedad en la que vivimos y sobre las personas que la visitan? Madre mía, qué difícil responder a esto… Creo que una biblioteca terminaría cada día con una sensación contradictoria. Por un lado, contaría que vivimos en una sociedad acelerada, donde cada vez cuesta más encontrar tiempo para detenerse. Pero también diría que, con todo, siguen entrando personas que buscan comprender, aprender, refugiarse, compartir o simplemente estar en un lugar donde no se les exige consumir para permanecer. La ciudadanía sigue necesitando historias para entenderse y lugares donde nadie pregunte quiénes somos antes de ofrecernos conocimiento.
Detrás de cada persona que cruza su puerta hay un motivo distinto, una biblioteca ve pasar infancias que descubren el mundo, adolescentes que buscan respuestas, personas adultas que intentan reinventarse o mayores que se resisten a dejar de aprender.
¿Qué perfiles de usuarios consideras que siguen siendo los grandes olvidados en la planificación bibliotecaria y qué acciones serían necesarias para acercarlos de forma real a estos espacios? Pues yo diría que la planificación bibliotecaria siempre trata de abarcar a todos los colectivos, como te mencioné antes: no dejar a nadie atrás, pero sí que es verdad que hay grupos que merecen más atención o dinámicas más orientadas a sus necesidades específicas: migrantes, personas con baja competencia lectora o digital, personas con algún tipo de discapacidad, en situación de vulnerabilidad económica y marginalidad, tercera edad, personas cuidadoras que no tienen tiempo de acceder a los servicios… Diría también los adolescentes, que parece que dejan de acudir a la biblioteca pasada la etapa infantil.
¡Ojalá tuviera las respuestas concretas para hacer más efectiva su aproximación a la biblioteca! Creo que las bibliotecas pueden planificar fomentando la cultura de bienvenida y estimulando el sentido de pertenencia, que es algo en lo que todos los grupos sociales pueden sentirse identificados.
¿Cómo imaginas la biblioteca pública dentro de veinte años si pudiera evolucionar sin limitaciones presupuestarias o administrativas, pero sin perder su esencia? ¡¿Sin limitaciones presupuestarias o administrativas?! Es una pregunta utópica, ¿no? Jajaja. Me gustaría que las bibliotecas pudieran ofrecer a toda la ciudadanía los derechos culturales que les pertenecen dentro y fuera de las paredes de sus edificios, con extensiones de servicios bibliotecarios permanentes en centros educativos, centros de salud y de mayores, asociaciones, protegiendo y difundiendo el patrimonio local, la tradición oral, llegando a todos los colectivos… Espero seguir considerando a las bibliotecas como un espacio de acogida, aprendizaje y calma, donde las personas puedan sentirse seguras sin miedo a preguntar, explorar y crecer.
¿Qué libro, autor o proyecto cultural ha influido de manera decisiva en tu forma de entender el servicio público y cómo se refleja esa influencia en tu trabajo diario?Hay un proyecto que se llama Labrantes de la palabra impulsado por la Biblioteca Municipal de Arucas, en Gran Canaria, que cumplió ya 25 años de trayectoria este año. Este proyecto está integrado por personas mayores que utilizan la palabra como herramienta para el encuentro en todo tipo de espacios: la propia biblioteca, centros educativos, penitenciarios, de mayores, escenarios, etc. Su objetivo es estimular el ocio activo y el desarrollo personal de las personas mayores del municipio, y hacerlo mediante la transmisión oral. Explicó en una entrevista el coordinador del colectivo, Antonio López, que Labrantes de la Palabra «ha permitido reformar y dignificar la imagen de nuestros mayores ante el resto de la sociedad como personas capaces de intervenir su entorno para construir un entorno más humano. Los participantes del proyecto manifiestan que el proceso les ha cambiado la vida y de alguna manera los ha empoderado. Se sienten más realizados, más acompañados, más escuchados y valorados». La narración oral como memoria humana para combatir el individualismo o la falta de empatía.
Entender la biblioteca y a su comunidad de este modo es algo a lo que aspirar.
En tu opinión, ¿qué cualidades humanas deberían tener más peso que los conocimientos técnicos en quienes deciden dedicar su vida profesional al ámbito bibliotecario? Los conocimientos técnicos son fundamentales para el desarrollo de nuestro trabajo, pero hay cualidades humanas que marcan la diferencia a la hora de llevarlo a cabo: la empatía, la escucha activa, la no discriminación, las ganas de empoderar a las personas, de ser agentes transformadores, la curiosidad, hacerse preguntas, permanecer activos, sensibilidad, respeto, aprendizaje continuo, una mirada abierta… Y como algo transversal mantener el compromiso de poner el conocimiento, el ocio, la cultura y la información al alcance de todas las personas.
Si tuvieras la oportunidad de reunir durante una tarde en la biblioteca a tres figuras de cualquier época para conversar con el público, ¿a quiénes elegirías y qué gran pregunta les plantearías?Pues a Emilia Pardo Bazán la elegiría la primera, y la pondría a conversar con el filósofo José Carlos Ruiz y la escritora Gloria Fuertes.
La pregunta que les haría: ¿Cómo podemos construir una sociedad que valore más el conocimiento y las preguntas que las respuestas fáciles o “en tendencia”?
A ver si llegan a una respuesta que dé sentido a las bibliotecas como lugares a donde no se va únicamente a encontrar respuestas, sino también a aprender a formular mejores preguntas.
Después de todo lo vivido en tu carrera, ¿qué legado te gustaría dejar en las personas con las que has trabajado y en las generaciones futuras que seguirán encontrando en las bibliotecas un lugar de aprendizaje, encuentro e inspiración?Me gustaría haber transmitido la idea de que las bibliotecas no pueden permanecer inmóviles. Han de evolucionar al mismo ritmo que la sociedad, sin renunciar a su esencia: garantizar el acceso libre y equitativo al conocimiento, fomentar el espíritu crítico y ofrecer un espacio donde todas las personas se sientan bienvenidas.
Si pudiera dejar un legado, desearía que fuera haber contribuido, aunque sólo sea un poco, a que más personas descubrieran que una biblioteca no es únicamente un lugar al que se va a buscar información, sino un lugar del que uno sale con más herramientas para comprender el mundo y ganas de crecer personalmente.





