En Alquibla tenemos el placer de conversar con Héctor Manuel Arce, bibliotecario y gestor de información con más de tres décadas de experiencia profesional en instituciones educativas, médicas, corporativas y culturales. Su trayectoria, caracterizada por el compromiso con la alfabetización informacional, la innovación en los servicios bibliotecarios y el desarrollo de comunidades de aprendizaje, le ha permitido adquirir una visión amplia y enriquecedora sobre el presente y el futuro de las bibliotecas. A lo largo de esta entrevista, Héctor Manuel Arce comparte sus reflexiones sobre la evolución de la profesión bibliotecaria, la formación de usuarios en un entorno saturado de información, la inclusión en las bibliotecas, el impacto de las nuevas tecnologías y los desafíos que afrontan los profesionales de la información en el siglo XXI.
Después de más de 30 años de trayectoria profesional en bibliotecas, archivos y centros de información, ¿cómo ha evolucionado su concepción del papel que desempeñan los bibliotecarios en una sociedad cada vez más digitalizada y dependiente de la información? Mi visión ha evolucionado de considerar al bibliotecario como un gestor de colecciones a entenderlo como un facilitador del aprendizaje, un mediador de la información y un agente de transformación social. En la actualidad, el acceso a la información es más sencillo que nunca, pero distinguir la información confiable de la que no lo es se ha convertido en un desafío. Por ello, el papel del bibliotecario es cada vez más estratégico: orientar, formar en pensamiento crítico y acompañar a las personas en la construcción de conocimiento significativo.
A lo largo de su carrera ha trabajado en instituciones educativas, corporativas, médicas y culturales. ¿Qué aprendizajes considera que le ha aportado cada uno de estos ámbitos y de qué manera han enriquecido su visión profesional? Cada ámbito me ha aportado una perspectiva distinta. En las instituciones educativas aprendí la importancia de acompañar los procesos de aprendizaje y fomentar habilidades de investigación. En el sector médico comprendí el valor de la información precisa y oportuna para la toma de decisiones que pueden impactar directamente en la vida de las personas. En el entorno corporativo descubrí la relevancia de la gestión documental, la eficiencia y la generación de valor a través del conocimiento organizacional. Finalmente, en el ámbito cultural confirmé que las bibliotecas son espacios de encuentro, identidad y desarrollo comunitario. La suma de estas experiencias me permitió desarrollar una visión integral de la gestión de la información.
Su lema profesional es “De la información al conocimiento que impulsa decisiones”. ¿Cómo se traduce esta filosofía en el trabajo diario de un bibliotecario educativo y gestor de información? Este lema refleja la idea de que la información por sí sola no es suficiente. El verdadero valor surge cuando se analiza, contextualiza y transforma en conocimiento útil. En la práctica diaria implica seleccionar recursos de calidad, diseñar estrategias de búsqueda efectivas, capacitar a los usuarios en competencias informacionales y facilitar el acceso a información relevante para la toma de decisiones académicas, profesionales o personales.
Ha colaborado con instituciones tan relevantes como la Universidad La Salle, la Universidad Latinoamericana o el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán. ¿Qué proyectos o experiencias recuerda como especialmente significativos dentro de estas organizaciones? Cada institución representó una oportunidad de crecimiento profesional. Recuerdo especialmente los proyectos relacionados con la automatización de servicios bibliotecarios, el desarrollo de colecciones especializadas, la capacitación de usuarios y la implementación de estrategias para fortalecer la investigación académica. También fueron muy enriquecedoras las iniciativas orientadas a mejorar el acceso a la información y promover una cultura de aprendizaje continuo.
En los últimos años se ha hablado mucho de alfabetización informacional. Desde su experiencia, ¿cuáles son las competencias informacionales más importantes que deberían desarrollar los estudiantes para enfrentarse al exceso de información actual? Considero fundamentales la capacidad de formular preguntas de investigación, localizar información en fuentes confiables, evaluar críticamente la calidad de los contenidos, reconocer sesgos y desinformación, utilizar la información de manera ética y comunicar adecuadamente los resultados de sus investigaciones. Más que memorizar datos, los estudiantes deben aprender a aprender.
Como especialista en el Bachillerato Internacional (IB), ¿qué aporta este modelo educativo al desarrollo de la investigación, el pensamiento crítico y la autonomía en el aprendizaje de los estudiantes? El Bachillerato Internacional fomenta una cultura de indagación permanente. Los estudiantes aprenden a formular preguntas, investigar de manera rigurosa, analizar distintas perspectivas y construir argumentos fundamentados. Además, promueve la autonomía, la reflexión y el aprendizaje a lo largo de toda la vida, competencias indispensables en el siglo XXI.
También ha aplicado el Diseño Universal para el Aprendizaje (DUA) en diferentes contextos. ¿Cómo pueden las bibliotecas convertirse en espacios más inclusivos y accesibles para atender la diversidad de necesidades de sus usuarios? Las bibliotecas deben ofrecer múltiples formas de acceso a la información, distintos formatos de recursos y oportunidades variadas para la participación. La inclusión no se limita a la accesibilidad física; también implica eliminar barreras cognitivas, tecnológicas y culturales. Una biblioteca inclusiva reconoce la diversidad de sus usuarios y diseña servicios que permitan a todas las personas aprender y participar en igualdad de condiciones.
Además de su labor bibliotecaria, ha desempeñado funciones relacionadas con la gestión escolar y el acompañamiento estudiantil. ¿Cómo influyen estas experiencias en su forma de entender el servicio a la comunidad educativa? Estas experiencias me permitieron comprender que detrás de cada usuario existe una persona con necesidades, intereses y desafíos particulares. El servicio bibliotecario adquiere mayor sentido cuando se integra al proyecto educativo y contribuye al desarrollo integral de los estudiantes. Escuchar, acompañar y orientar son elementos tan importantes como gestionar recursos.
Ha trabajado con sistemas de gestión bibliotecaria como KOHA, SIABUC y Aleph 500. ¿Cómo valora la evolución de estas herramientas y qué aspectos considera esenciales para una gestión eficiente de los recursos de información? La evolución ha sido notable. Hemos pasado de sistemas centrados principalmente en el control bibliográfico a plataformas integrales que facilitan la gestión, el acceso remoto y el análisis de datos. Más allá de las características técnicas, considero esenciales la interoperabilidad, la facilidad de uso, la calidad de los registros, la generación de estadísticas y la capacidad de adaptarse a las necesidades cambiantes de los usuarios.
La promoción de la lectura ha estado presente en diferentes etapas de su carrera. ¿Qué estrategias considera más efectivas para fomentar el hábito lector entre niños, jóvenes y adultos en la actualidad? La clave está en vincular la lectura con los intereses y experiencias de cada persona. Es importante ofrecer libertad de elección, generar comunidades lectoras, incorporar formatos digitales y aprovechar las posibilidades de las redes sociales y las nuevas tecnologías. Leer debe percibirse como una experiencia significativa y placentera, no como una obligación.
Uno de los proyectos que más llama la atención de su trayectoria es la creación de una biblioteca comunitaria en Oaxaca. ¿Cómo surgió esta iniciativa y qué impacto tuvo en la comunidad a la que iba dirigida? La iniciativa surgió a partir de la identificación de una necesidad concreta de acceso a la información y a materiales de lectura. Más que crear un espacio físico, el objetivo fue generar oportunidades de aprendizaje y encuentro comunitario. El impacto se reflejó en una mayor participación de niños, jóvenes y familias, así como en el fortalecimiento de la cultura lectora y del sentido de pertenencia de la comunidad.
Las bibliotecas están viviendo una profunda transformación tecnológica. ¿Qué papel cree que desempeñarán la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías en los servicios bibliotecarios de los próximos años? La inteligencia artificial será una herramienta de apoyo para mejorar la búsqueda, organización y recuperación de información, así como para personalizar servicios y optimizar procesos. Sin embargo, el criterio profesional seguirá siendo indispensable. Las tecnologías pueden ampliar nuestras capacidades, pero la evaluación crítica, la ética y el acompañamiento humano continuarán siendo responsabilidades fundamentales de los bibliotecarios.
Su experiencia también incluye la gestión documental y archivística en entornos corporativos. ¿Qué diferencias encuentra entre la gestión de información en una empresa y en una institución educativa o cultural? En las empresas, la gestión de la información suele estar orientada a la eficiencia operativa, el cumplimiento normativo y la toma de decisiones estratégicas. En las instituciones educativas y culturales, además de esos aspectos, existe una fuerte dimensión formativa, social y de preservación del conocimiento. Los objetivos son distintos, pero en ambos casos la información constituye un recurso estratégico.
Ha participado en iniciativas como el curso “Bibliotecas Inteligentes”. ¿Qué características debería reunir una biblioteca para considerarse verdaderamente inteligente y preparada para los desafíos del siglo XXI? Una biblioteca inteligente es aquella que combina tecnología, innovación y enfoque humano. Utiliza datos para mejorar sus servicios, fomenta la colaboración, promueve el aprendizaje continuo y responde de manera flexible a las necesidades de su comunidad. No se trata únicamente de incorporar herramientas tecnológicas, sino de generar experiencias significativas y relevantes para los usuarios.
Mirando hacia el futuro, ¿qué retos y oportunidades identifica para las bibliotecas y los profesionales de la información en un contexto marcado por la innovación tecnológica, la desinformación y los cambios en los hábitos de aprendizaje? El principal reto será mantener la relevancia en un entorno de cambios acelerados. Las bibliotecas deberán fortalecer su papel como espacios de confianza, aprendizaje y acceso equitativo a la información. Entre las oportunidades destacan la alfabetización digital, la formación en pensamiento crítico, la integración de tecnologías emergentes y la creación de comunidades de aprendizaje más abiertas e inclusivas. Estoy convencido de que las bibliotecas seguirán siendo instituciones esenciales para el desarrollo de sociedades informadas y participativas.
Algo que añadir… A lo largo de mi trayectoria he comprobado que las bibliotecas son mucho más que lugares donde se conservan libros o documentos. Son espacios donde las personas descubren oportunidades, desarrollan habilidades, construyen conocimiento y transforman su realidad. Haber dedicado mi vida profesional a este ámbito ha sido un privilegio y una responsabilidad que continúo ejerciendo con entusiasmo, compromiso y la convicción de que el acceso a la información sigue siendo una herramienta fundamental para el desarrollo humano.




