Marta Platel ganadora del Premio Fernando Lara de Novela 2026 nos presenta El baile de las criadas, una apasionante novela que nos traslada a la Barcelona de 1941 para rescatar la memoria de aquellas mujeres que, desde la sombra de las grandes casas burguesas, fueron testigos de los secretos, las desigualdades y las contradicciones de una época marcada por la posguerra. A través de una trama que combina intriga, espionaje, romance y una cuidada recreación histórica, la autora da voz a las criadas, figuras imprescindibles y, sin embargo, invisibilizadas por la sociedad de su tiempo. Conversamos con Marta Platel sobre el origen de esta historia, su proceso creativo y el significado de un reconocimiento que avala una novela comprometida con la memoria, la dignidad y la supervivencia.
Marta ¿cómo nació la idea de la novela con la que has ganado el Premio Fernando Lara de Novela 2026 y en qué momento sentiste que tenía la fuerza suficiente para convertirse en una historia publicada? Quería dar voz a las criadas de la posguerra, mujeres que resultaban imprescindibles para las familias a las que servían y, sin embargo, eran prácticamente invisibles para la sociedad de la época. Además, me fascinó descubrir que durante la Segunda Guerra Mundial, los nazis campaban a sus anchas por España. En 1941, año que retrata la novela, Barcelona, al igual que otras ciudades, recibió con frecuencia visitas de altos cargos alemanes y fue escenario de actos y celebraciones vinculadas al Tercer Reich. Esa intensa actividad diplomática y social no se ocultaba, las esvásticas estaban presentes en edificios emblemáticos de la ciudad y los burgueses falangistas rendían pleitesía a Hitler. Me interesaba contrastar esa suntuosidad ideológica con la realidad de supervivencia de las mujeres de la época.
¿Qué elementos personales, vivencias o inquietudes han influido en la construcción del universo narrativo de esta obra premiada? Durante el franquismo a las criadas se las privó de derechos, no tenían vacaciones ni días festivos, solo una tarde a la semana, y estaban sometidas a la voluntad de los señores. A algunas de esas mujeres, que dedicaron su vida a las familias a las que servían, las veía de pequeña en las casas de mis compañeras de clase y en mi vecindario. Recuerdo en especial a una mujer que, pese a ser muy mayor, seguía llevando uniforme y cobraba un sueldo mísero, pero no consentía que nadie criticara a sus señores. Mientras escribía la novela lamenté no haber prestado más atención a las historias que contaban aquellas mujeres. Aun así, he recordado detalles que me han servido para dar vida a las criadas de la novela.
A lo largo del proceso de escritura, ¿hubo algún giro inesperado en la trama o en los personajes que te obligara a replantear la historia desde cero o a cambiar su dirección principal? Replantear la historia desde cero, no. Desde el principio tenía bastante clara la historia que quería contar, lo que sucedió es que los personajes tenían vida propia y a veces se empeñaban en tomar un rumbo distinto al que yo había previsto para ellos. Entonces es cuando llegaba ese giro inesperado que siempre era para bien.
¿Cómo trabajas la construcción de tus personajes para que resulten creíbles, complejos y capaces de sostener emocionalmente toda la novela? Antes de empezar a escribir creo una biografía para los personajes, tanto protagonistas como secundarios, y defino sus rasgos de carácter. Esto me sirve de base para entender sus motivaciones y por qué actuarán de una determinada forma, aunque es inevitable que acaben evolucionando en función de las necesidades de la trama. Evito presentar a los personajes desde el inicio como buenos o malos, prefiero que sus acciones los vayan definiendo. Y si la trama lo permite, a lo largo del texto me gusta cambiar por completo la percepción que el lector pueda tener de un personaje determinado. Es una forma de sorprenderlo.
¿Qué papel juega la documentación en tu proceso creativo y hasta qué punto te apoyas en la investigación frente a la intuición narrativa? La trama de El baile de las criadas transcurre en la Barcelona de 1941 por lo que necesitaba apoyar la historia en una documentación rigurosa. Esto no significa que la novela incluya un bloque denso de datos sino que están diluidos en pinceladas históricas y curiosidades amenas que dinamizan el relato: los alimentos que se vendían en el mercado, los precios, las películas que proyectaban los cines… Los autores de ficción debemos agradecer el gran trabajo de los historiadores que tanto nos facilita el trabajo.
En esta novela premiada, ¿qué temas centrales consideras que atraviesan toda la historia y por qué te interesaba especialmente explorarlos ahora? La novela es una fusión de géneros. Tiene una intriga de espías y un suspense contemporáneo que se abre en el año 2001, aunque late en el pasado, pero ante todo es una novela coral que da voz a quienes habitaban el reverso de la historia: las criadas. Lo verdaderamente volcánico en la novela son los secretos de alcoba, las traiciones y las miradas de una burguesía que cree dominar el destino de todos, pero olvida que en una casa donde el servicio lo ve y lo escucha todo, una simple criada puede convertirse en el cabo suelto más peligroso. Además, la trama incluye situaciones relacionadas con el tráfico de arte y con la lucha por la supervivencia de los refugiados judíos que llegaban a Barcelona. La Gestapo se mantenía siempre alerta.
¿Cómo equilibras la voz narrativa con el ritmo de la historia para mantener la tensión del lector sin perder profundidad literaria? Mi objetivo, siempre, es entretener al lector. Escribo capítulos cortos para dejarlo con ganas de leer más, y trato de que haya una proporción idónea de narración, diálogos y descripciones. No necesito dos páginas para describir un jardín.
¿Qué dificultades encontraste durante la escritura de esta obra y cómo conseguiste superarlas sin abandonar el proyecto en ningún momento? No demasiadas, la verdad. El día que no estaba inspiraba cerraba el ordenador y me ponía a ver una serie. Sabía que, por mucho que se me resistiera una escena, tarde o temprano acabaría fluyendo. La clave estaba en no obsesionarme.
Cuando te enfrentas a la página en blanco, ¿sigues algún método de trabajo concreto o te dejas llevar más por la inspiración del momento? La inspiración es fundamental, pero no puedes sentarte frente al ordenador y dejar que las musas te regalen la historia; al menos yo no trabajo así. Antes de empezar a escribir preparo un guion y una estructura de los capítulos. Esto me ayuda a saber hacia dónde quiero conducir la trama. A medida que avanza la historia el guion puede cambiar, pero no en lo esencial.
¿Qué autores o autoras sientes que han influido de manera más evidente en tu forma de escribir y en la construcción de esta novela? Siempre digo que he aprendido a escribir leyendo a grandes autoras y autores. Me gusta muchísimo Paloma Sánchez-Garnica, pero también Carmen Posadas, Luz Gabás, Manel Loureiro, Clara Sánchez, Bárbara Wood, Phillipa Gregory y Anthony Doerr. Y entre las autoras clásicas, Jane Austen y Edith Wharton. Solo por citar algunos nombres. La lista sería interminable.
¿Cómo ha cambiado tu forma de escribir desde tus primeras obras hasta llegar a este reconocimiento con el Premio Fernando Lara de Novela? Mi ordenador está lleno de historias que nunca verán la luz, pero todas ellas me han ayudado a llegar hasta aquí. Desde aquellas primeras obras he evolucionado como autora y he pulido mi prosa. Lo que no quiero es perder mi estilo ni la frescura.
¿Qué significa para ti recibir un premio de esta relevancia dentro del panorama literario en español y cómo crees que puede influir en tu trayectoria futura? Fue un regalo inmenso. Que el jurado haya apostado por esta historia significa que se ha premiado el texto por encima del nombre. Es un reconocimiento a la verdad de los personajes y al esfuerzo por revivir una parte olvidada de nuestra historia.
En el proceso de revisión del manuscrito, ¿qué aspectos sueles pulir más: la estructura, el estilo, los diálogos o la coherencia interna de la historia? ¡Absolutamente todo! Escribo bastante rápido, pero soy muy lenta corrigiendo; reviso el texto varias veces.
Si tuvieras que definir en una sola idea el mensaje o la emoción principal que quieres que el lector se lleve de esta novela, ¿cuál sería? Elegiría dignidad. Melisa, la protagonista de la novela, llega a la ciudad con una maleta de cartón, un libro de poemas y pocas expectativas más que huir de la miseria. Es una heroína clásica: empieza siendo vulnerable, pero la vida la empuja a rebelarse, a perder el miedo y tomar las riendas de su destino para proteger a los que ama. Es un ejemplo de supervivencia y dignidad, al igual que las otras criadas que aparecen en las páginas. Ellas, las mujeres invisibles de la época, son las que sostienen el verdadero peso y la humanidad de esta historia.




