Entrevista a Sofía Devetter estudiante de Bibliotecología y especialista en gestión de metadatos

En un contexto en el que la gestión de datos, la inteligencia artificial y la transformación digital están redefiniendo el papel de los profesionales de la información, conversamos con Sofía Devetter, estudiante de Bibliotecología y apasionada por la gestión de datos, los metadatos y el análisis de la información. A lo largo de esta entrevista comparte su visión sobre la evolución de la profesión, la importancia de la estandarización y la gobernanza de los datos, así como las competencias que necesitarán los bibliotecarios del futuro para afrontar los desafíos de un entorno cada vez más tecnológico y orientado a la toma de decisiones basada en información de calidad.

Sofía ¿cómo nació tu interés por la Biblioteconomía y las Ciencias de la Información, y qué aspectos de esta disciplina despertaron tu vocación profesional?  Mi acercamiento a la Bibliotecología fue más por curiosidad que por una vocación clara desde el principio. No me imaginaba exactamente qué iba a encontrar al empezar la carrera, y lo que más me sorprendió y terminó por convencerme fue la fuerte orientación técnica de la profesión, los sistemas de organización del conocimiento, los estándares de catalogación y clasificación, la lógica detrás de cómo se estructura la información para que pueda ser recuperada. Descubrí que la Bibliotecología, y sobre todo el trabajo de los profesionales de las ciencias de la información no trata solo sobre libros, sino sobre la arquitectura invisible que hace que la información sea útil y accesible. Eso me resultó fascinante desde el principio y definió el perfil que vengo construyendo desde entonces.

Tu perfil combina bibliotecología, gestión de datos y análisis de información. ¿Cómo ha sido el proceso de integrar estas áreas aparentemente distintas en una misma trayectoria profesional?  Lo viví más bien como una transición, algo que se fue dando dado mi interés en lo técnico de los procesos bibliotecarios, la influencia de mis docentes y lo inminente del escenario propuesto por las nuevas tecnologías. En la carrera fui entendiendo que la gestión de información tiene una base técnica muy concreta, que es trabajar con registros, controlar la calidad de datos, garantizar consistencia y trazabilidad.

Paralelamente, los últimos años indagué y me formé en lenguajes de programación, bases de datos y análisis de datos. Fui comprendiendo que los principios son los mismos: tanto en una base de datos relacional como en un catálogo bibliográfico, el valor de la información depende de que esté bien estructurada, normalizada y sea recuperable. La disciplina bibliotecológica me dio el marco conceptual, las buenas prácticas y los principios esenciales sobre el acceso a la información; la formación en datos me dió otras y diversas herramientas para operacionalizar la profesión.

En un contexto donde los datos son considerados un activo estratégico, ¿qué papel crees que desempeñan hoy los profesionales de la información dentro de las organizaciones?  El profesional de la información ocupa hoy un lugar que muchas instituciones todavía no terminan de reconocer del todo, pero que es cada vez más técnico y estratégico. Vivimos en un momento de exceso de datos, entonces el desafío ya no es generar información, sino organizarla, darle contexto y garantizar que sea confiable y recuperable cuando se la necesita.

Tenemos una mirada que combina criterio técnico con una comprensión del ciclo de vida de la información, desde su creación hasta su preservación o descarte, y esto no es tan frecuente en otros perfiles.

Has trabajado con herramientas como SQL y Power BI. ¿De qué manera estas tecnologías pueden enriquecer el trabajo tradicional de bibliotecarios y gestores de información? Herramientas como estas me dieron una perspectiva muy concreta sobre algo que en la carrera se aborda más desde lo conceptual, que es la lógica relacional de la información. Ya antes nombré la importancia de especializarse por fuera de la formación bibliotecológica en datos, bases de datos y lógica informacional.

Trabajar con SQL Server, por ejemplo, implica pensar en términos de consultas, filtros y relaciones entre tablas, lo cual no es tan distinto de pensar en términos de campos de catalogación, relaciones bibliográficas y sistemas integrados de gestión bibliotecaria (SIGB). Power BI, por su parte, permite traducir datos crudos en reportes y crear dashboard. Creo que estas herramientas enriquecen el trabajo bibliotecológico porque permiten dar un paso más allá del registro y la catalogación, permiten medir, visualizar tendencias de uso, detectar inconsistencias en una colección o anticipar las necesidades de los usuarios.

El conocimiento técnico no reemplaza el criterio bibliotecológico, lo potencia con evidencia concreta.

La gestión de metadatos es uno de tus ámbitos de interés. ¿Por qué son tan importantes los metadatos para garantizar la calidad, recuperación y reutilización de la información? Los metadatos son datos acerca de datos. Son, vistos de cierta forma, el lenguaje que hace posible que la información exista. Un recurso sin metadatos adecuados puede estar perfectamente conservado y, sin embargo, ser invisible para recuperarlo.

La falta de normalización en los datos genera duplicados, inconsistencias y pérdida de trazabilidad. Los metadatos bien estructurados garantizan que un recurso sea descriptible de forma consistente, que pueda recuperarse con precisión y que, además, pueda reutilizarse en otros contextos o sistemas sin perder su significado original.

La inteligencia artificial está transformando numerosos sectores. ¿Cómo valoras el impacto de la catalogación asistida por IA en los procesos bibliotecarios y documentales? Lo veo como una herramienta de gran potencial, siempre que se entienda como un complemento y no como un reemplazo del criterio profesional, como decía antes. La IA puede acelerar enormemente tareas que consumen mucho tiempo. Pero los distintos procesos, como la catalogación, implican decisiones de contexto y criterio formado que responda a la comunidad a la que sirve, ese valor agregado es el que le da calidad a la profesión.

Mi mirada es que la IA puede asumir la parte más mecánica y repetitiva del proceso, liberando tiempo para que el profesional se concentre en las decisiones que realmente requieren juicio del experto, como la curaduría, la verificación y el control de aprobación final. El desafío de nuestra generación es aprender a trabajar junto a estas herramientas sin delegarles la responsabilidad última sobre la calidad de la información.

Desde tu experiencia, ¿cuáles son los principales desafíos que enfrentan las instituciones al organizar grandes volúmenes de datos e información? Uno de los desafíos más concretos que he observado es la dispersión y la falta de normalización de los datos cuando provienen de distintas fuentes o han sido cargados en diferentes momentos, incluso por diferentes personas, sin un criterio unificado.

Es fácil identificar cómo las pequeñas inconsistencias pueden generar errores de trazabilidad o dificultar la generación de reportes que sean confiables. En la mayoría de los casos los datos suelen ser ingresados por personas con distintos criterios y prioridades, y sin una política clara de gestión y procedimientos acordados, esa heterogeneidad se traduce en pérdida de calidad.

La estandarización de datos es un tema fundamental en tu perfil profesional. ¿Qué beneficios aporta a las organizaciones trabajar con estándares bien definidos? La estandarización es lo que permite que la información sea comparable, interoperable y confiable a lo largo del tiempo. Cuando una institución define estándares claros para el ingreso y la descripción de sus datos, reduce los errores de duplicación, facilita el control de calidad y hace posible que distintas áreas trabajen sobre una misma base sin malentendidos.

En términos prácticos, esto se traduce por ejemplo, en reportes más precisos y una capacidad real medida de comparar información. Desde mi formación bibliotecológica, los estándares son una base conceptual muy sólida. No es un capricho técnico, es lo que garantiza que la información conserve su valor cuando se reutiliza, se comparte o se analiza a futuro.

¿Qué competencias consideras imprescindibles para los futuros profesionales de la información que deseen especializarse en gestión de datos y gobernanza de la información? Creo que la competencia más importante es la capacidad de pensar de forma estructurada, entender cómo se relaciona un dato con otro, qué impacto tiene un error en toda una cadena de procesos, y cómo diseñar flujos de trabajo que minimicen esos errores desde el comienzo. A esto se suma el dominio de herramientas técnicas que hoy ya no son opcionales, sino parte de la caja de herramientas básica del profesional de la información. Pero también es imprescindible mantener una mirada crítica, la tecnología facilita el trabajo, pero las decisiones sobre qué información priorizar o qué estándares aplicar siguen requiriendo criterio profesional.

Por último y no menos importante, la formación en liderazgo y comunicación. Para poder llevar adelante políticas alineadas y concretar objetivos específicos es necesario tener conocimiento sobre el equipo de trabajo. La escucha y la participación en ideas, proyectos y propuestas es una base sólida desde dónde comenzar a construir un perfil profesional.

A lo largo de tu formación y experiencia, ¿qué proyectos o iniciativas te han permitido comprender mejor el valor estratégico de los datos dentro de una institución? Mi paso por la pasantía en la Biblioteca Dante Alighieri fue mi primer acercamiento a la gestión bibliotecaria. Ahí trabajé en la carga, normalización y control de registros dentro de un SIGB que estaban recién implementando. Esta biblioteca cuenta con una colección importante, lo que significaba una responsabilidad grande a la hora de tomar decisiones, del control del ingreso y egreso de material y del trabajo de expurgo que estaban realizando.

En mi rol actual, en un instituto educativo, donde administro el ingreso y control de legajos, genero reportes, y actualizo la información mes a mes, terminé de comprender algo que antes era abstracto, los datos sólo tienen valor estratégico cuando alguien los transforma en información legible y útil para la toma de decisiones.

La transformación digital está modificando la manera en que se crean, almacenan y utilizan los datos. ¿Cómo imaginas la evolución de la Bibliotecología en los próximos años? Imagino una Bibliotecología cada vez más integrada a la gestión de datos en sentido amplio, donde el perfil del profesional no se limite a los procesos tradicionales sino que incorpore competencias de análisis, gobernanza y curaduría digital.

Ya estamos viviendo cómo los sistemas de gestión bibliotecaria se acercan cada vez más a las lógicas de las bases de datos relacionales, y cómo la inteligencia artificial empieza a asistir en tareas. Creo que en los próximos años la disciplina va a seguir ampliando su campo de acción hacia la gestión de información en organizaciones que tradicionalmente no se pensaban como espacios bibliotecológicos, como empresas y organismos públicos, porque el núcleo de nuestra formación, que es organizar la información para que sea recuperable y confiable, es exactamente lo que esas organizaciones necesitan hoy. El desafío va a ser que la propia disciplina y quienes la formamos sepamos correr ese límite sin perder lo que la distingue, sin abandonar la estandarización y los vocabularios controlados.

¿Crees que las bibliotecas y centros de documentación están aprovechando suficientemente el potencial del análisis de datos para mejorar sus servicios y la toma de decisiones? Se dan dos situaciones, una es que muchas instituciones aún cuentan con procesos manuales, lo cual no siempre asegura una normalización en la actividad, control, seguimiento y análisis final. Y por otra parte, hay otras instituciones que cuentan con sistemas que generan una enorme cantidad de datos de uso, como préstamos, consultas o patrones de consulta, pero esa información no siempre se transforma en indicadores, muchas veces se pierde.

Parte de esto tiene que ver con recursos, no todas las bibliotecas cuentan con personal formado específicamente en análisis de datos, y la implementación de herramientas digitales y de asistencia artificial requiere tiempo e inversión que no siempre está disponible. Pero también creo que hay una oportunidad enorme ahí, con herramientas como Power BI, que no requieren una infraestructura compleja, instituciones de cualquier tamaño podrían empezar a construir una cultura de decisiones basada en evidencia. Es un terreno donde la formación bibliotecológica tradicional y la capacitación en herramientas de datos tienen mucho para aportarse mutuamente, y debemos capacitarnos constantemente para hacer que funcione.

La coordinación entre áreas técnicas y administrativas suele ser un reto en muchas organizaciones. ¿Qué enseñanzas has obtenido de tu experiencia trabajando en entornos interdisciplinares? En mi trabajo actual, que es de carácter administrativo-operativo, es donde actúo como puente entre el origen de la información y los resultados que conllevan a la toma de decisiones de los sectores jerárquicos. Acá es donde aprendí que la mayoría de los conflictos entre áreas técnicas y administrativas no nacen de una mala voluntad, sino de que cada área o equipo tiene distintas prioridades. La solución, en muchos casos, es la traducción de los interrogantes en diferentes términos, para ello el trabajo en equipo es fundamental.

La enseñanza más importante que me deja esta experiencia es que la comunicación clara vale tanto como la precisión técnica, un reporte impecable que nadie entiende no genera ningún cambio. Aprender a adaptar el nivel de detalle según quién va a usar la información terminó siendo una de las competencias que más desarrollé en este tiempo.

La gobernanza de datos se está consolidando como una necesidad en instituciones públicas y privadas. ¿Qué aspectos deberían priorizar las organizaciones que desean desarrollar una estrategia sólida en este ámbito? Creo que el primer paso, y muchas veces el más subestimado, es definir con claridad quién es responsable de qué dato en cada etapa de su ciclo de vida: quién lo ingresa, quién lo valida, quién lo actualiza y quién puede tomar decisiones sobre él. Sin esa definición, ninguna estrategia de gobernanza puede sostenerse en el tiempo, por más herramientas tecnológicas que se incorporen. En segundo lugar, priorizaría la documentación de estándares y criterios de calidad de forma accesible para todo el equipo. Y, en tercer lugar, destacaría la importancia de pensar la gobernanza como un proceso continuo y no como un proyecto con fecha.

Los datos cambian, la definición de información cambia, las necesidades de la organización cambian, y la estrategia tiene que poder adaptarse sin perder coherencia. Mi formación bibliotecológica me dio una sensibilidad particular hacia este último punto, porque organizar información para que perdure en el tiempo es, en esencia, lo mismo que intenta hacer la gobernanza de datos.

Para finalizar, ¿qué consejo darías a estudiantes y jóvenes profesionales que desean orientar su carrera hacia la gestión de datos, los metadatos y la ciencia de la información en un entorno cada vez más influido por la inteligencia artificial? Yo soy alguien que está en formación todavía, será así por un tiempo todavía. Pero aconsejaría no ver la formación técnica y la formación bibliotecológica como dos caminos separados, aprender de herramientas de visualización o conceptos de gobernanza de datos potencia la profesión, le da vocabulario y herramientas más afines a cómo funcionan hoy las organizaciones.

También les diría que no hay que tenerle miedo a la inteligencia artificial, sino entenderla como una herramienta que puede asumir tareas mecánicas y repetitivas, liberando tiempo para el trabajo que realmente requiere criterio humano, la curaduría, la verificación y la toma de decisiones. Y, por último, que se animen a explorar la disciplina con la misma curiosidad con la que yo llegué a ella, porque muchas veces los caminos más interesantes de una carrera no son los que uno imaginó al principio, sino los que se descubren en el camino.

Algo que añadir…Solo agradecer la invitación a participar en Alquibla. Como estudiante, todavía en proceso de formación, valoro mucho espacios como este que dan lugar a voces que recién están construyendo su trayectoria, y no sólo a perfiles consolidados. Espero que esta entrevista pueda servir también a otros estudiantes que, como yo, descubren en el camino que la Bibliotecología tiene mucho más para ofrecer de lo que imaginaban al empezar.

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