En una ciudad donde los libros a veces acaban olvidados junto a un contenedor, existen personas que se niegan a mirar hacia otro lado. La Hormiga Poeta nace precisamente de ese gesto sencillo y profundamente revolucionario: rescatar libros destinados a desaparecer y devolverlos a la vida en manos de nuevos lectores. Detrás de esta iniciativa está Ulises, un lector incansable que, desde 2019, ha convertido el amor por la lectura en un proyecto ciudadano, altruista y lleno de humanidad.
En esta entrevista hablamos con él sobre rescatar libros de la basura, crear redes de lectura fuera de las instituciones oficiales, abrir espacios gratuitos para compartir cultura y enfrentarse —no sin miedo— a los obstáculos administrativos que a veces ponen en riesgo las iniciativas más generosas. Una conversación sobre libros, resistencia cultural y la necesidad urgente de seguir leyendo para seguir pensando.
Ulises, ¿Cómo nace La Hormiga Poeta y en qué momento decides empezar a donar tus propios libros a centros de mayores y colegios? Yo siempre he amado los libros, sobre todo los tebeos. Mi única tía, Pepa, me traía los Gente Menuda, el suplemento infantil del diario ABC, y me encantaba leer a los personajes clásicos de Bruguera.
Allá por el 2019, principios de 2020, comencé a encontrarme libros cerca de los contenedores. Los propietarios les daban una última oportunidad antes de meterlos dentro: ¡a ver si alguien los coge! Y comencé a recopilarlos y buscarles un nuevo hogar. En esa época los leía antes de donarlos a bibliotecas (los muy nuevos), colegios, asociaciones…
¿Qué sentiste al descubrir que muchos de esos libros “algo antiguos” no tenían cabida en las bibliotecas, pero sí podían seguir vivos en otros espacios? Lo de las bibliotecas en Alicante es curioso, porque solo aceptan libros muy nuevos, y luego veo que hay tantos espacios vacíos en las estanterías… hay algo que se me escapa. Una pena. Porque en Alicante, cada vez tenemos menos bibliotecas y sitios para estudiar tranquilo… por suerte, tenemos muchos centros de mayores, asociaciones vecinales y demás, que sí que me han estado aceptando muchos libros. Qué bien que Alicante tenga ese tipo de vida ¿no? Gente que se reúne y tiene un espacio para leer.
En ese proceso aparece un gesto muy potente: rescatar libros de la basura. ¿Recuerdas el primer libro que salvaste y qué te hizo no mirar hacia otro lado? No, simplemente el hecho de que sean libros, ya me atrae. Sí que guardo especial cariño los libros que leí de Gloria Fuertes, recogidos de la basura, antes de donarlos a alguna biblioteca.
Poco a poco el boca a boca fue creciendo. ¿Cómo viviste ese momento en el que las donaciones comenzaron a llegar desde casas particulares y el proyecto empezó a desbordar tu propio hogar? Es una sensación extraña. Te sientes feliz y a la vez abrumado. Al principio los tenía en casa, y llegó un momento que era imposible meter más. Yo quiero que los libros estén accesibles, no en cajas ni amontonados. Tener libros tapados por otros libros, sin posibilidad de acceder fácilmente, no tiene sentido.
Pero esa sensación que comentaba, sigue existiendo. Nos hemos movido con los libros varias veces y al poco tiempo siempre ves que el espacio se acaba… siempre entran más que salen.
Durante años leías los libros antes de donarlos. ¿Qué papel ha tenido la lectura personal en todo este camino y qué cambió cuando el volumen ya no te lo permitió? Yo siempre he leído. Me considero un tipo raro, y de pequeño también lo era. Muy travieso, siempre llamando la atención, a la vez queriendo pasar desapercibido. No podía (y no puedo) parar, siempre tengo que estar haciendo algo. Hago mil cosas a la vez. Y entre ellas, siempre he leído, claro.
Que el volumen de recogidas de libros, donaciones e intentar crear un stock digitalizado de todo, hizo que pudiera leer menos, aunque por el trabajo y la vida social que haces cuando dejas de ser niño, ya vas leyendo menos… pero nunca lo he dejado.
En 2022 llega la donación de 500 kilos de libros por parte del Ayuntamiento de Alicante. ¿Por qué ese momento supuso un antes y un después para La Hormiga Poeta? En ese momento, 2022 creo recordar, nos movido al local de la empresa de reformas para la que trabajaba. Mi jefe nos dejó parte del almacén para el proyecto. La gente no podía entrar a por libros, ya que la empresa tenía sus materiales y maquinaria y ni era seguro ni era adecuado. Pero sí que nos pedían libros y cuando los tenía, yo se los entregaba a la gente desde la oficina. El Ayuntamiento de Alicante y la UTE, la empresa que gestiona las basuras, me llamaron para entregarnos 500 kg de libros que habían recopilado de los puntos limpios. Obviamente, eso hizo que se nos fuera ya de madre. Había que catalogar todo eso para decirle a la gente lo que había y que fueran pidiendo. Por suerte, había mucho libro infantil y lo pudimos enviar a muchos centros, a la cárcel de mujeres de Madrid, algunos hospitales…
Gracias a esa donación y al apoyo de tu empresa, los libros viajaron a cárceles, bibliotecas de fuera de Alicante e incluso a República Dominicana. ¿Qué historias o destinos te han marcado especialmente? Lo de la República Dominicana me flipó. Iban a una escuela de allá. ¡Menos mal que pudieron pagar el envío, eso sí! Fueron muy majos.
¿Cómo compaginabas tu trabajo en la empresa de reformas con la logística casi artesanal de clasificar, almacenar y redistribuir miles de libros? Pues no lo sé, porque miro para atrás y digo, ¿cómo hacía eso? Soy hiperactivo, no puedo parar ni un segundo, lo sé. Soy taquicárdico, tengo ansiedad y aprieto los dientes tanto que cuando me despierto tengo un dolor terrible. Medito todos los días y utilizo todo tipo de técnicas, pero no hay manera. Mi forma de ser me permite hacer muchas cosas muy rápido. Eso sí, yo no me voy a dormir, yo entro en coma. Llego tan agotado a la cama que las primeras 5 horas no hay quien me despierte.
El cierre de la empresa te obliga a tomar una decisión urgente: alquilar un local para salvar 15.000 libros. ¿Cómo viviste ese momento de vértigo y responsabilidad? Como mi día a día, con ansiedad y miedo. Pero lo bueno que tengo es que nada me paraliza. Lo hago todo con miedo, pero lo hago. Fue un riesgo grande, sobre todo económico, pero lo hicimos, con ayuda de mi pareja, Christian. De forma exprés, alquilamos un local, lo reformamos un poco, y comenzamos la mudanza… nos ayudó mucha gente.
Una vez con el local, decides abrirlo un solo día a la semana para que los particulares se llevaran libros. ¿Qué significaba para ti ese espacio y ese tiempo compartido con la gente? Empezamos en septiembre de 2025. Era estupendo. Por fin la gente podía ver los libros de la semana gratis. Cientos de libros cada semana para llevarse. Ha venido gente para llevarse a centros de salud mental, muchas mamás a por diccionarios y libros de lectura que les han pedido en el cole, y a traer otros tantos… los habituales se convierten en amigos.
Has definido ese momento como “ocioso, bonito y altruista”. ¿Qué tipo de personas se acercaban y qué tipo de encuentros se producían allí? Todos lectores, por lo tanto ya tienes a gente con la que tienes algo en común. Y hay una cosa que me gusta mucho, cuando coinciden personas que saben mucho de lo mismo y hablan sobre ello: autores, novelas, curiosidades literarias. Yo siempre escucho porque soy un eterno ignorante. Y a veces, aporto algo de lo que sé.
Todo se detiene con una denuncia anónima y el cierre del local. ¿Cómo recibes la noticia y qué emociones te atraviesan en ese instante? Primeramente, no me lo podía creer. Y después pensaba a quién le podía molestar. Los vecinos están encantados, el local estaba infestado de ratas y cucarachas y lo hemos arreglado, solo abrimos dos horas a la semana, no generamos basura… ¿las librerías? No, son amigas. Re-Read, Dante, 80 Mundos, Fahrenheit451, todos nos han donado libros. Y ellas saben que si necesitan algún libro y lo tenemos, es gratis. Tenemos una buena relación. En fin, para qué darle vueltas, claramente una persona sin alma… y que no lee.
Resulta paradójico que regalar libros requiera licencia en un local, pero no en una casa. ¿Qué reflexión te merece esta situación desde el punto de vista cultural y social? Muchas normativas no tienen sentido. Como tú dices, si regalas libros desde casa, no necesitas licencia. Pero en un local sí, por seguridad. Vale, lo entiendo. No sabía que se necesitaba una licencia. Yo creo que ha sido todo un malentendido con el Ayuntamiento, que no se ha dado cuenta de quiénes éramos (los que os cogieron 500 kg de libros) y la presión de una denuncia, les hizo meter la pata. Pero ya estamos en vías de arreglarlo. Yo asumo mi parte de culpa. He abonado 1700 euros de tasas y arquitecto para cumplir con la normativa y poder conseguir la licencia. Una locura. Esto hace que La Hormiga Poeta penda de un hilo, porque yo no puedo seguir costeando una cosa así. Pero no quiero perder el espíritu del proyecto. Estamos dándole una vuelta para ver qué hacer y poder mantenerlo, tenemos un par de ideas buenas, en las que nos topamos con Hacienda. Pero que los alicantinos no se preocupen: si La Hormiga Poeta sigue abierta, seguirán teniendo cientos de libros gratis cada semana.
Mirando atrás, ¿qué te ha enseñado La Hormiga Poeta sobre el valor real de los libros más allá de las instituciones oficiales? Tal y como está el mundo, los libros son necesarios. La lectura te hace tener pensamiento crítico, te hace concentrarte, es una especie de meditación, la experiencia con el papel, el formato, la edición, es única. Lo digital no te lo puede dar. En el móvil o las tablets tienes distracciones, la luz no es buena para los ojos… a veces pienso que no quieren que leamos para que no pensemos… no soy muy de conspiraciones, pero es que el mundo está patas arriba…
¿Crees que como sociedad cuidamos suficientemente el destino de los libros que desechamos? Sí, sí, sobre todo el pueblo, la gente. No hay más que verlo. Sí, la gente tira libros porque no tiene más remedio, se mudan, fallece un familiar, deben vaciar la casa. Y es difícil que alguien te acepte todos tus libros, enciclopedias, etc. Pero no los meten en el contenedor, los dejan al lado, como comentaba antes, dándoles, con pesar, otra oportunidad.
¿Qué papel crees que deberían jugar las administraciones públicas en iniciativas ciudadanas como la tuya? Yo nunca he pedido ayuda al Ayuntamiento. Nunca les pedí un espacio, ni publicidad, ni dinero. Pero sí que estaría bien que naciera de ellos cuidar a proyectos como este. No solamente porque damos un servicio social, sino también porque, por ejemplo, estamos gestionando algo que, de otra manera, serían residuos. Deben tener un poco más de tacto, cuidado, cariño…
¿Cómo te gustaría que se recordara La Hormiga Poeta dentro de unos años? Bueno, como la ven ahora. El sitio que recoge todo tipo de libros. Están todos encantados.
Si alguien está leyendo esta entrevista y tiene libros en casa sin saber qué hacer con ellos, ¿qué le dirías? Que intente que los acepten amigos y familiares, alguna biblioteca… y si ven que no es posible, que nos llamen y nos los traigan, que ya los cuidamos nosotros. Si te dejan un bebé en la puerta del convento, tendrás que cuidarlo ¿no?
Para terminar, ¿qué sueño te queda por cumplir relacionado con los libros y su capacidad de viajar, resistir y seguir siendo leídos? Me gustaría abrir una biblioteca. Como hemos hablado, en Alicante o cierran o reducen el horario… tener un local grande, muy grande, lleno de estanterías con libros, todo catalogado, y un espacio para estudiar y otro para presentaciones, charlas… sería maravilloso. Pero claro, para todo eso hace falta dinero, contratar gente… ¡siempre el maldito dinero! Pero desde luego, si me toca la lotería, sería lo primero que haría. Bueno, lo segundo. Lo primero sería pagar las deudas. He intentado pagarlas a cambio de libros, pero no ha funcionado.





