Reseña del poemario Todos los silencios de Lorena Larrañaga

El poemario Todos los silencios de Lorena Larrañaga es sensibilidad, desgarro, humanidad, amor y silencio. El libro publicado bajo la Editorial Olé libros y compuesto por 66 páginas comienza con una pequeña biografía de la autora valenciana cuyo poemario dedica a Beatriz.

Se divide en cinco grandes bloques: El idioma del silencio, Lo que el miedo sabe, Las manos que recuerdan, La geografía del nosotras y Maneras de quedarse para finalizar con una carta de Beatriz a Lorena titulado Soy una cebolla. Los poemas están numerados bajo números romanos y algunos tienen título, otros no.

En El idioma del silencio la autora nos hace adentrarnos en poemas que sugieren lo que acompaña la casa al final del día en silencio, lo que guardas del día a día, el quedarse con la compañía que necesitas y la risa (aspectos intangibles) y el ir dos personas de la mano a pesar de la oscuridad (sobreponerse frente a las adversidades)

En Lo que el miedo sabe…el horror del miedo frente a lo desconocido, la huida y el decir basta, lo que huele la angustia y lo que sientes mientras un leve latido te acompaña en los oídos, lo que ocurre en invierno y la tristeza de que todo se mueve excepto una persona, pero también a lo que suena el silencio en soledad

En Las manos que recuerdan hay un poema que me ha puesto los pelos de punta y es el noveno en el que la autora habla de cómo despedirse de un ser querido, aunque aún esté entre nosotros, de las pequeñas cosas que estuvieron y las que ya no, sentimos junto a ella el desgarro de lo que siempre quiso decir y no. Se habla sobre el envejecimiento, el destino y lo que fue, a la vez que habla de las mujeres que hay detrás de ella, de sus memorias y de lo que les recuerda a ellas.

En La geografía del nosotras (se nota que va dedicado a una persona muy especial para ella) nos recuerda el pararse en el aquí y en el ahora, nos habla del dolor, de la búsqueda y de lo que sí tiene que quedarse contigo, de amar tal y como te enseñaron, de la ternura a través de los abrazos y las caricias.

En Maneras de quedarse nos habla sobre cómo quererse y cómo se demuestra, del olvido, del hogar con la persona que quieres, de cómo las paredes escuchan y lo que le cuenta la noche, de las promesas y del momento en que se rompió el amor, de la pérdida y de los recuerdos y sobre todo del amor en los quehaceres diarios y el porqué las pequeñas cosas diarias están donde tienen que estar

Finaliza con una carta de Beatriz a Lorena titulada Soy una cebolla, en donde se puede extraer quiénes somos, las capas que tenemos cada uno de nosotros y que se queda con el siempre nosotras descubriéndose sin filtros para ser nana/nada.

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