Entrevista a Luis Javier Barrios Úbeda de la Biblioteca Claudio Rodríguez en Universidad de Salamanca

En el corazón del Campus de Zamora de la Universidad de Salamanca, la Biblioteca Universitaria Claudio Rodríguez se ha consolidado como un espacio que trasciende la función tradicional de custodia de libros para convertirse en un auténtico motor académico, cultural y tecnológico. Al frente de esta transformación se encuentra Luis Javier Barrios Úbeda, director comprometido con una visión que conjuga legado, innovación y servicio a la comunidad universitaria.

En esta entrevista para Alquibla, Barrios Úbeda reflexiona sobre los retos asumidos desde su llegada a la dirección, el papel estratégico de la biblioteca en el ecosistema universitario actual y la profunda evolución que están experimentando las bibliotecas en el siglo XXI. Hablamos de inteligencia artificial, ciencia abierta, alfabetización informacional, sostenibilidad, patrimonio y trabajo en red; pero, sobre todo, de personas y de la biblioteca como ese “tercer espacio” imprescindible entre el aula y el hogar.

Una conversación que invita a repensar el presente y el futuro de las bibliotecas universitarias como espacios de encuentro, conocimiento y transformación social.

Luis Javier, ¿cómo llegó a la dirección de la Biblioteca Claudio Rodríguez y qué supuso para usted asumir esta responsabilidad dentro de una institución con tanta tradición como la Universidad de Salamanca? Llegué a la dirección de la Biblioteca Universitaria Claudio Rodríguez del Campus de Zamora, tras ganar por méritos la plaza por concurso de personal funcionario, que quedó vacante por jubilación. Asumir esta responsabilidad en la USAL fue un honor, pero al mismo tiempo, un reto y un gran compromiso.

Significó, continuar una labor consolidada, respetando el legado, pero trabajando para que la biblioteca sea un espacio más abierto y dinámico, adaptado a los nuevos retos culturales y sociales. Mi gestión busca unir esa tradición con las nuevas necesidades tecnológicas y académicas de los usuarios.

¿Qué papel desempeña actualmente la Biblioteca Claudio Rodríguez en la vida académica, cultural e investigadora de la universidad? La Biblioteca Claudio Rodríguez es mucho más que un lugar de estudio en el Campus de Zamora; es un punto de encuentro que une academia, investigación y cultura. Al fusionar los fondos de Educación e Ingeniería, hemos creado un espacio vivo donde conviven humanidades y ciencias.

Nuestras tres plantas están diseñadas para la autonomía del usuario, ofreciendo desde zonas de trabajo en grupo y mediateca, hasta espacios para investigadores. Además, somos clave en la formación digital: acompañamos al estudiante desde el Bachillerato de excelencia hasta sus últimos años, con talleres sobre gestión bibliográfica.

En lo cultural, difundimos el patrimonio local junto al Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo, e incluso hemos sido escenario de ‘Un País para leerlo’ de TVE.

Para los investigadores les proporcionamos competencias digitales y hemos sido pioneros en ofrecerles formación sobre Inteligencia Artificial generativa, ayudando a los docentes e investigadores a convertirse en docentes 2.0, es decir a dejar de ser simples transmisores de información, para convertirse en guías en esta nueva era digital

¿Cuáles considera que han sido los principales retos a los que se ha enfrentado desde su llegada a la dirección y cómo los ha abordado? Transformar la Biblioteca Claudio Rodríguez ha sido un reto apasionante. Mi objetivo fue convertirla en un espacio moderno y útil, un espacio de vanguardia, tocando tres teclas: tecnología, unión entre disciplinas y compromiso social. Todo ello partiendo de una base sólida, fruto de la excelente gestión realizada por la anterior directora, cuyo trabajo fue clave para hacer posible esta evolución.

Empezamos por modernizar las instalaciones. Cambiamos la iluminación a LED para ser más sostenibles y mejorar la lectura, y respondimos a una queja habitual: la falta de enchufes. Ahora, la Sala de Investigadores está totalmente equipada con puertos USB y tomas de corriente, porque entendemos que hoy en día el usuario trae su propio dispositivo (BYOD) y necesita estar siempre conectado.

¿De qué manera ha evolucionado el concepto de biblioteca universitaria en los últimos años y cómo se refleja ese cambio en la Biblioteca Claudio Rodríguez? No podíamos ser simplemente un lugar de estudio. Teníamos que ser un apoyo real para la Universidad. Hemos reorganizado la biblioteca creando espacios versátiles, como la mediateca, creación de una sala multifuncional para la docencia y la investigación.  Hemos avanzado hacia la conectividad y la sostenibilidad.

También quería cuidar mucho al personal docente e investigador. Por este motivo, hemos creado un servicio de correo electrónico institucional específico, para ayudarles a dar visibilidad a su producción científica y mantenerles al día.

Pero la tecnología no lo es todo. Mi prioridad también ha sido la inclusión: a través de la colaboración con el INICO y con la creación de un rincón de Lectura Fácil, garantizamos que el acceso a la cultura no tenga barreras.

¿Qué importancia tiene hoy la biblioteca como espacio físico frente al crecimiento de los recursos digitales y el acceso en línea a la información? A pesar del crecimiento de los recursos digitales, y que hoy tenemos en nuestros dispositivos todo a un clic. La biblioteca como espacio físico ha cobrado una nueva dimensión, la biblioteca física es más necesaria que nunca, ya que se ha convertido en ese espacio vital, que no es ni el hogar, ni el aula, es un tercer entorno.  En el caso de la Biblioteca universitaria, su valor está claro: ofrece un refugio sin las interrupciones constantes del hogar, brindando un ambiente confortable y cómodo, donde realmente es posible concentrarse para leer, estudiar o investigar.

En la Biblioteca Claudio Rodríguez, el espacio físico está diseñado para fomentar la autonomía del usuario y facilitar el aprendizaje activo. Sus tres plantas permiten que cada persona encuentre el entorno adecuado para sus necesidades: ya sea silencio para la concentración, salas para el trabajo colaborativo o espacios multifuncionales.

Al tener casi el 90% de sus fondos en libre acceso, el espacio físico invita a los usuarios a descubrir libros y materiales que no buscaban inicialmente mientras exploran las estanterías, ampliando así su horizonte de conocimiento, de una forma que el entorno digital no siempre permite.

Pero la tecnología y el edificio no son nada sin las personas, nuestro valor añadido, reside en la labor diaria de cada bibliotecario. Ayudamos al usuario, no solo a encontrar información, sino a comprenderla y filtrarla. Eso es algo insustituible que la tecnología digital no puede reemplazar.

¿Cómo se trabaja desde la biblioteca para apoyar a estudiantes, docentes e investigadores en sus diferentes necesidades informativas? Nuestro objetivo es ser útiles de verdad, adaptándonos a lo que necesita cada persona. Con los estudiantes, este acompañamiento empieza incluso antes de que lleguen a la universidad: colaboramos con los institutos de la zona, dando talleres a los alumnos de Bachillerato de Excelencia. Una vez que ya son universitarios, estamos ahí desde el primer minuto en las jornadas de acogida y la Feria de Bienvenida. Les formamos año tras año en alfabetización informacional, para enseñarles a distinguir fuentes fiables y a usar recursos especializados. Al final de la carrera, cuando más nos necesitan para su trabajo final, ahí estamos para asesorarles con las normas APA y los gestores bibliográficos. Es un ciclo completo.

Ofrecemos al PDI un soporte a medida para que su producción científica brille. Les facilitamos: desde la gestión en el Portal de Investigación, hasta el cumplimiento de las políticas de Ciencia Abierta en el repositorio GREDOS. Además, hemos dado un paso adelante en innovación tecnológica. Somos pioneros formando al profesorado en el uso crítico de la IA generativa.

¿Qué proyectos o iniciativas destacaría que hayan marcado un antes y un después en la biblioteca durante su gestión? Bajo mi gestión, hemos transformado la identidad de la biblioteca: de un depósito de libros a un centro de vanguardia. Si tengo que destacar los hitos que han marcado un antes y un después, empezaría por el patrimonio: lograr la cesión y digitalización del fascinante proyecto del túnel submarino España-África del ingeniero Fernando Gallego.

A nivel físico, escuchamos lo que el usuario pedía. En 2025 renovamos integralmente la Sala de Investigadores, instalando conexiones en cada puesto y tecnología LED, porque la sostenibilidad también es confort visual. Y mirando al futuro, somos pioneros en la USAL: lideramos la formación en Inteligencia Artificial para docentes, transformando el miedo tecnológico en una herramienta educativa ética.

Liderando proyectos mediante alianzas estratégicas, fomentando la colaboración con instituciones como el Instituto de Estudios Zamoranos Florián de Ocampo, fortaleciendo el patrimonio académico y cultural de la región. El convenio que firmé con el Instituto ha sido muy importante para la Biblioteca y para la comunidad investigadora, ya que permite la donación e incorporación de novedades editoriales del instituto a la biblioteca, y su posterior difusión en la base de datos DIALNET.

Proyección y Visibilidad Nacional de la Biblioteca, convirtiéndose en un referente mediático: La incorporación de la documentación original del Cajón histórico fue considerada una noticia relevante, recibiendo amplia cobertura en los medios de comunicación, tanto en la prensa local y nacional como en los informativos de Televisión Española (TVE) lo que puso de manifiesto, la importancia cultural e histórica del proyecto y del papel de la biblioteca como institución.

Su aparición en programas como «Un País para leerlo» de TVE y en mi reciente entrevista en Planeta Biblioteca (2026) de Radio USAL, poniendo en valor las bibliotecas universitarias. https://www.ivoox.com/planeta-biblioteca-2026-01-14-entrevista-a-luis-javier-barrios-audios-mp3_rf_166739046_1.html

¿Cómo se gestiona el equilibrio entre la preservación del patrimonio bibliográfico y la innovación tecnológica en una biblioteca? Tradición y tecnología deben darse la mano. Entiendo la innovación digital como la herramienta definitiva para preservar nuestra historia. Nuestro objetivo es que el conocimiento sea accesible, sin importar el formato.

La biblioteca actúa como un puente entre el pasado y el futuro, entendiendo la innovación tecnológica como un aliado, un medio para salvaguardar el pasado, por ejemplo, a través de la digitalización científica. Un ejemplo de esto es la digitalización del «Cajón Histórico» Al hacer esto, conseguimos algo precioso: que unos documentos únicos, que corrían riesgo de olvidarse o deteriorarse, queden liberados. Ahora están disponibles para su investigación, generando nuevos conocimientos.

¿Qué papel juega la formación de usuarios y la alfabetización informacional en el contexto universitario actual? En la universidad actual, la alfabetización informacional (ALFIN), ha dejado de ser una simple formación en el uso de la biblioteca, para convertirse en algo mucho más importante, Ahora es un pilar estratégico que acompaña a la comunidad universitaria en cada etapa de su vida académica.

La biblioteca ofrece apoyo diferenciado por Etapas Académicas, adaptando la formación a las necesidades específicas de cada colectivo. Nuestro reto, es que el alumno deje de conformarse con lo primero que sale en Google y utilizar fuentes no fiables, a enseñarles a localizar, evaluar y seleccionar información en recursos de información especializados. Fomentando también el pensamiento crítico y la lucha contra la desinformación.

Adaptamos este apoyo a cada etapa vital: impartiendo desde talleres a estudiantes de los bachilleratos de excelencia, hasta asesorar a investigadores en Ciencia Abierta o bibliometría. Y ahora, sumamos el gran desafío: la Inteligencia Artificial.

Para mí, la formación es una prioridad personal. Por eso, además de la gestión, mantengo mi faceta docente, colaborando con el Servicio de Bibliotecas, impartiendo cursos de doctorado, en el plan de formación docente del IUCE y también participo en las microcredenciales universitarias, que están tan en boga, concretamente en la de servicios bibliotecarios de apoyo a la investigación científica en sus distintas ediciones.

¿Cómo se adapta la biblioteca a los nuevos hábitos de estudio, investigación y aprendizaje de las generaciones más jóvenes? Hemos sabido leer el cambio generacional, transformándonos en un espacio híbrido. Unimos la calidez del estudio tradicional, con la tecnología que los jóvenes exigen hoy.

Fomentamos su autonomía, enseñándoles a usar el catálogo táctil (OPAC) o el autopréstamo, y al tener el 90% de los fondos en libre acceso, invitamos a que descubran libros inesperados en las estanterías.

Queremos romper la barrera institucional, que nos vean como un lugar amigable. No solo como un sitio para venir en época de exámenes. Para lograr esa cercanía, vamos a donde están ellos, somos muy activos en redes sociales y contamos nuestro día a día en el blog institucional BiClau.

¿Qué importancia tiene el trabajo en red con otras bibliotecas universitarias y centros de documentación, tanto a nivel nacional como internacional? La clave está en no ir por libre. El trabajo colaborativo nos permite trascender nuestra ubicación en Zamora y romper cualquier frontera física.

Al formar parte de la red de bibliotecas de la USAL, nos garantiza el acceso a una inmensa cantidad de recursos de información, asesoramiento y de formación. El hecho de que las bibliotecas universitarias estén integradas en consorcios como BUCLE y en REBIUN facilita mucho la labor.

Gestionamos el préstamo interbibliotecario e intercampus, para que cualquier documento llegue a manos del usuario.

Además, mantenemos vivo el intercambio de conocimientos participando activamente en congresos nacionales e internacionales. Apostar por el trabajo en red es la única forma de abrir las puertas del conocimiento global.

¿Cómo valora el papel de las bibliotecas universitarias en la defensa del acceso abierto al conocimiento y la ciencia abierta? Creo firmemente que las bibliotecas universitarias deben liderar y desempeñar un papel fundamental en la defensa del Acceso Abierto. Hemos pasado de custodiar documentos a ser consultores estratégicos. El acceso abierto democratiza la cultura.

La Universidad de Salamanca cuenta con una Política de Ciencia abierta, en este documento se han establecido los principios para fomentar la libre disponibilidad de los resultados de investigación. A través del Repositorio Institucional GREDOS, con los acuerdos transformativos y el Portal de producción científica.

Las bibliotecas tienen que ser impulsoras del conocimiento libre, por ejemplo, con los con los Recursos Educativos Abiertos (REA), la biblioteca rompe las barreras económicas y legales, garantizando que materiales de alta calidad estén disponibles para todos y sin restricciones.

Pero este compromiso va más allá, ofreciendo desde la Biblioteca el asesoramiento de las nuevas métricas o métricas alternativas, y facilitando la transición hacia los nuevos sistemas de incentivos de agencias como la ANECA, que han comenzado a reconocer y valorar la ciencia abierta.

¿Qué retos considera que afrontarán las bibliotecas universitarias en los próximos años y cómo se están preparando para ello?  Nos enfrentamos a un cambio de paradigma total. La tecnología ha cambiado las reglas del juego; ya no basta con ofrecer estanterías llenas. El verdadero desafío de esta década es redefinir nuestro espacio físico. Debemos crear entornos flexibles, inclusivos y makerspaces, donde se venga a interactuar, no solo a estudiar en silencio.

Queremos consolidarnos, como ese tercer lugar vital entre el aula y el hogar. Y para el investigador, la evolución es igual de profunda: debemos ser su apoyo experto en los nuevos retos, desde la bibliometría y los Recursos Educativos Abiertos (REA), hasta el dominio de la Inteligencia Artificial.

¿Qué le motiva personalmente de su trabajo diario al frente de una biblioteca universitaria? Lo que realmente me mueve es la sensación de ser útil. No veo la biblioteca como un almacén, sino como un motor de cambio.

Personalmente, me apasiona el desafío de integrar la Inteligencia Artificial en el mundo académico. Lejos de verla como una amenaza, me motiva enseñar a usarla como un copiloto, para investigar mejor y filtrar el ruido en este exceso de información.

Mi visión es clara: un espacio donde la tecnología ayude, pero donde las personas y su pensamiento crítico sigan siendo los indiscutibles protagonistas.

¿Qué consejo daría a quienes desean desarrollar su carrera profesional en el ámbito de las bibliotecas y la gestión de la información? Siempre me ha apasionado la fusión entre la gestión de la información y la tecnología, y eso es lo que intento transmitir: es una profesión muy gratificante, pero exige moverse rápido.

Mi consejo es claro: convertíos en profesionales híbridos. El éxito hoy depende de unir la base sólida de la biblioteconomía tradicional con la vanguardia digital.

Ya no somos guardianes de libros, somos consultores de información. El gran reto no es solo usar la tecnología, sino desarrollar las competencias necesarias para poder enseñársela a los demás.

¿Qué mensaje le gustaría trasladar a la comunidad universitaria y a la sociedad sobre la importancia de las bibliotecas en el siglo XXI? Mi mensaje es muy claro: la biblioteca ha dejado de ser un depósito pasivo del pasado. Eso se acabó. Ahora debemos ser una lanzadera hacia el futuro.

Ante el exceso de información, no aportamos más datos, sino certezas. Actuamos como un filtro ético para separar lo esencial de lo irrelevante.

Visualizo una biblioteca conectada, sostenible y llena de vida, con makerspaces y tecnología punta, pero sin perder nuestra identidad local.

Mi visión es simple; que la biblioteca sea un referente de modernidad, accesibilidad y excelencia académica, donde convivan lo mejor de nuestro pasado con la tecnología más puntera, siempre pensando en facilitar la vida a la comunidad universitaria y a la sociedad en general.

 

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