En el panorama actual de la narrativa contemporánea, donde lo íntimo y lo reflexivo cobran cada vez más fuerza, Aproximadament dos quilos i mig se presenta como una obra que invita a detenerse y mirar hacia dentro. En esta entrevista, su autor nos desvela el origen de una novela que nace de un viaje y de una imagen tan poderosa como inquietante: el peso de unas cenizas convertido en símbolo de la fugacidad de la vida.
A partir de esa premisa, la historia se construye entre desplazamientos, relaciones de pareja y encuentros con la muerte —siempre desde una mirada serena, incluso luminosa—, explorando cómo el paso del tiempo atraviesa nuestras decisiones, nuestros vínculos y nuestros silencios. Con un estilo directo e intimista, el autor compone un relato en el que distintas generaciones pueden reconocerse, abordando uno de los grandes temas universales desde la cercanía y la naturalidad.
A lo largo de la conversación, profundizamos en el proceso creativo, los retos de dar forma a una estructura narrativa compleja y las influencias literarias que han marcado esta primera novela, reconocida con el Premi Roc Boronat. Una obra que, más que ofrecer respuestas, plantea preguntas necesarias sobre cómo vivimos, qué dejamos pendiente y de qué manera nos enfrentamos —o evitamos— pensar en el tiempo que pasa.
Toni, ¿cómo nace la idea de escribir Aproximadament dos quilos i mig y qué te impulsó a convertir esa historia en una novela? Todo surge de un viaje que hice en 2017 a Montpellier. Al llegar, el país estaba conmocionado por la muerte de Johnny Hallyday. A la vuelta escribí un primer capítulo: una pareja de Barcelona (Fede y Claudia) vive ese mismo viaje y la muerte del cantante despierta en él —en Fede— una obsesión con el paso del tiempo y la propia mortalidad.
Ese primer capítulo quedó guardado durante años… hasta que entendí que las obsesiones de Fede eran también las mías. Ahí empezó realmente la novela.
El título de la obra es muy sugerente, ¿qué significado tiene y qué papel juega dentro del desarrollo de la historia? Cuando retomé la historia aparecieron dos parejas más. Todas viajan y, en cada viaje, se cruzan con la muerte de un personaje público.
En uno de esos viajes, una pareja lee en un periódico que las cenizas de una persona pesan aproximadamente dos kilos y medio. Esa frase se les queda grabada. Y a mí también, mientras escribía.
En ese momento entendí que ese era el título adecuado para la novela.
¿Qué temas principales atraviesan la novela y cuáles crees que conectarán más con los lectores? El paso del tiempo y la muerte son los ejes centrales. A eso se suman las relaciones de pareja y los secretos que se guardan en lo cotidiano.
He trabajado con tres parejas de edades distintas, para que cualquier lector pueda reconocerse en algún momento vital. Porque, aunque la muerte siga siendo un tema incómodo, todos pensamos en ella. Y no la vivimos igual a los veinte que a los sesenta.
¿Cómo ha sido el proceso de creación de los personajes y si hay alguno con el que te sientas especialmente identificado? Fede y Claudia fueron los primeros y, en cierto modo, los más cercanos a mí por edad o contexto. Pero no diría que hay un personaje en el que me proyecte directamente.
Sí hay algo muy personal en los escenarios: todos los lugares que aparecen en la novela (Milán, Nara, Calella de Palafrugell, Montpellier…) los he visitado. Eso me ha permitido escribir desde una experiencia muy directa.
¿Hasta qué punto hay elementos autobiográficos o experiencias personales reflejadas en la obra? Como decía, los viajes son un elemento clave y bastante autobiográfico. He experimentado las costumbres, he visitado los monumentos, he degustado las comidas que aparecen en la novela. Mis propios pensamientos acerca de la muerte y del paso del tiempo se ven también reflejados. Pero más allá de eso, la novela es pura ficción.
¿Qué tipo de emociones o reflexiones te gustaría despertar en quienes lean la novela? Creo que la novela es luminosa. Se habla de la muerte con naturalidad, sin dramatizar. Incluso en algunos momentos hay bastante sentido del humor.
Me interesa que el lector pueda detenerse —sin angustia— a pensar en el tiempo, en qué hace con él, en qué queda pendiente.
¿Cómo definirías el estilo narrativo que utilizas en este libro y qué lo diferencia de otros trabajos tuyos o de autores contemporáneos? Busco una prosa sencilla y directa. Frases cortas, ritmo ágil, sin artificio.
Me interesa que el lenguaje esté al servicio de la historia. Y, con poco, generar imágenes que tengan peso.
Si tuviera que definirlo en una palabra, diría: intimista.
¿Qué retos encontraste durante la escritura de Aproximadament dos quilos i mig y cómo los superaste? El gran reto fue convertir un capítulo aislado en una estructura con sentido. La dificultad no estuvo en las ideas, sino en ensamblarlas. Reescribí la novela siete veces hasta encontrar esa unidad.
¿En qué momento de tu trayectoria como escritor surge esta novela y qué representa para ti a nivel personal y profesional? Aproximadament dos quilos i mig es la primera novela que publico, aunque no la primera que escribo.
Llega después de muchos años de formación, de intentos, de lectura. Sobre todo de lectura. Diría que aparece en un momento de madurez, aunque con la sensación clara de que aún queda mucho por aprender.
En ese sentido, que esta primera publicación haya sido reconocida con el Premi Roc Boronat y que haya podido salir con una editorial como Univers le da un valor especial. No tanto como un punto de llegada, sino como una confirmación de que el camino —con todas sus dudas— tenía sentido.
A nivel personal ha sido un paso importante. Y a nivel profesional, una forma de empezar a situarme.
¿Cómo ha sido el proceso de publicación y qué aprendizajes te llevas de esta experiencia? Diría que fue muy ágil. Lo más sencillo fue la elección de la cubierta. De hecho, me quedé con la primera opción que me propusieron. La ilustración es de Ignasi Font, que tiene una gran trayectoria. Luego tuve la suerte de contar con dos correctoras y una editora que me ayudaron mucho a pulir detalles. Aprendí que un libro no es cosa de una única persona. Hay todo un equipo y mucho trabajo detrás, y me resultó reconfortante recibir ese apoyo. Siempre se dice que el oficio de escritor es muy solitario. Cierto, a medias, porque en el camino siempre puedes rodearte de personas que te ayuden, te lean, te hagan sugerencias. En cualquier caso, la edición ya es otra cosa. Como digo, me sentí muy arropado.
¿Qué importancia tienen el contexto social o cultural dentro de la historia que planteas? El contexto cultural aparece de forma natural: los viajes, las ciudades, la gastronomía, la música…Pero también en la forma en que cada cultura se relaciona con la muerte. Ahí hay diferencias interesantes que atraviesan la novela.
¿Cómo está siendo la acogida por parte de los lectores y qué tipo de comentarios te han sorprendido más? Al ser una primera novela, la recepción es todavía limitada, pero en presentaciones y redes ha despertado interés.
Me sorprendió especialmente que gente muy joven conectara con el tema. Yo imaginaba un lector más adulto.
También me interesa cómo se interpreta el final. Hay lectores que lo leen de maneras distintas, y eso me parece muy valioso.
¿Qué papel juega la literatura en tu vida y cuándo descubriste que querías dedicarte a escribir? La literatura es algo fundamental. No puedo estar un día sin leer. También desde hace años soy un consumidor habitual de podcasts, webs y cuentas de redes sociales que hablan de libros. Y por supuesto disfruto mucho visitando librerías.
Con doce años decidí que quería estudiar periodismo, porque pensé que era lo más parecido o cercano a poder escribir libros algún día. Con quince o dieciséis empecé a escribir relatos cortos. A los diecinueve, hice mi primer intento de novela. Por supuesto, era muy mala, y jamás la terminé. Luego tuve un par de intentos más, y realicé varias formaciones, hasta llegar aquí.
¿Qué autores o referentes literarios han influido en tu forma de escribir esta novela? Podría citar a muchos. Sin duda, Pedro Páramo de Juan Rulfo es un claro referente. De hecho, la novela se abre con una cita suya.
En lo referente a las relaciones de pareja una gran influencia es La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. También La felicidad conyugal, de Tolstoi.
Sobre el paso del tiempo, sin duda El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati.
De manera quizás más indirecta me han influido novelas íntimas, “pequeñas”, en las que parece que no sucede nada, pero en las que todo está en capas ocultas. En este sentido una obra que me marcó mucho (y que no dejo de recomendar) es Stoner, de John Williams.
¿Qué proyectos futuros tienes en mente y si seguirás explorando temáticas similares en próximas obras? Ahora mismo estoy iniciando un nuevo proyecto, mucho más íntimo. Tendrá menos personajes, y menos contexto, será algo mucho más centrado en la psicología de los personajes (algo que ya está presente en Aproximadament dos quilos i mig, pero ahora quiero potenciarlo más). Mi intención es que sea de nuevo una historia reflexiva, pero cercana y accesible. Sin duda hay dos temas que seguirán apareciendo: las relaciones de pareja y el tiempo. De hecho, estoy experimentando con eso, con el tratamiento del tiempo en el relato. Cómo se piensa, cómo se representa, cómo se altera o se cuestiona en la propia narración.






