La biblioteca pública y la biblioteca escolar coinciden en una serie de funciones: informativa, pedagógica y de ocio. Las bibliotecas escolares están mediatizadas por el programa educativo del centro, en cambio en la biblioteca pública son más flexibles y plurales. Los objetivos de ambos tipos de bibliotecas son diferentes, sobre todo en el uso de los materiales, instalaciones, así como en las motivaciones de los usuarios y usuarias.

La biblioteca escolar y la biblioteca pública comparten una buena parte de sus usuarios y usuarias (la población escolar), si bien las acciones de la biblioteca escolar van encaminadas a su propia comunidad, las de la biblioteca pública destacan por estar orientadas a toda la población. Este público, coincidente en ambos servicios, corresponde a un sector de la población que se está iniciando en los mecanismos de aproximación a la lectura y de contacto con los libros, por esta razón ambas instituciones tienen la obligación de no transmitir mensajes contradictorios, sino complementarios.

No es posible llevar a cabo, en la actualidad, un proyecto de biblioteca escolar sin contar con el apoyo de la biblioteca pública en cuánto a asesoramiento técnico, establecimiento de planes coordinados de formación de usuarios, usuarias y préstamo de materiales.

Destacar el papel de los Centros de Profesores y Recursos, cuya labor principal va encaminada al asesoramiento de los docentes. Estos centros deben contar con un bibliotecario/a-documentalista, además de incluir en su organigrama un área técnica de asesoramiento a bibliotecas escolares.

Las bibliotecas escolares deben estar incluidas en el Sistema Español de Bibliotecas, así como en los distintos sistemas autonómicos bibliotecarios. También es recomendable la existencia de unidad técnica de gestión que posibilite el asesoramiento y la prestación de servicios técnicos, así como las relaciones de cooperación entre los sistemas de lectura pública y las bibliotecas escolares. Las distintas administraciones responsables de bibliotecas públicas y de bibliotecas escolares, han de suscribir convenios de colaboración de carácter local, provincial o autonómico y proveer los cauces de colaboración y los recursos humanos y materiales para su ejecución.

Hasta que no se cree la Unidad Técnica de Gestión, la biblioteca pública seguirá ofreciendo su colaboración, asesorando sobre instalaciones, equipamiento, organización y adquisición de fondos. En todo momento la biblioteca pública ofrecerá registros bibliográficos, préstamos colectivos de libros, información bibliográfica y asistencia en la organización de actividades culturales.

Desde la biblioteca pública se promoverán todo tipo de foros de debate, grupos de discusión, etc. sobre asuntos de interés dirigidos a la actualización de los conocimientos profesionales e intercambio de experiencias con los bibliotecarios o bibliotecarias responsables. En este momento de arranque y desarrollo de las bibliotecas escolares es fundamental la formación de usuarios, dirigida a los/las docentes, desde la biblioteca pública, de manera que estos puedan, a su vez, formar en el uso de la biblioteca al alumnado.

La biblioteca pública prestará especial atención, dentro de su programa de formación de usuarios y usuarias, a los/las escolares, dirigiendo conjuntamente acciones con las bibliotecas escolares respectivas.

Se promoverán, por ambas partes, planes lectores con métodos de evaluación. La biblioteca escolar podrá solicitar a la biblioteca pública apoyo para sus actividades culturales. También la biblioteca pública elaborará y ofertará su programa de actividades a los centros escolares a través de su biblioteca.

En las poblaciones en que no sea preceptiva legalmente la instalación de una biblioteca pública municipal, y exista un centro escolar con las instalaciones suficientes, se podrán establecer acuerdos o convenios de colaboración entre el ayuntamiento, la comunidad educativa y los sistemas provinciales o autonómicos de bibliotecas para el doble uso de la biblioteca, como pública y escolar, facilitando el acceso directo e independiente desde el exterior.

La trayectoria de las bibliotecas públicas en su relación con los centros educativos demuestra una buena predisposición para las relaciones y colaboración con las bibliotecas escolares.

La condición indispensable para llevar a cabo todas estas propuestas pasa por corregir las deficiencias y desequilibrios existentes actualmente en el Sistema de Bibliotecas Públicas Españolas.

Las bibliotecas públicas comparten objetivos con los centros en lo relativo a la promoción de la lectura y a la formación de usuarios y usuarias. Un buen conocimiento de los fondos de la biblioteca pública del barrio o localidad permitirá orientar a los alumnos y alumnas hacia ella cuando sea necesario.

También se puede establecer una relación de ayuda mutua y de complementariedad. Por ejemplo:

  1. Organización de actividades con el alumnado, aprovechando las instalaciones y servicios de la biblioteca pública. Esto es especialmente interesante en aquellos casos en que se desea dar a conocer espacios (sala de consulta, sala de publicaciones periódicas, sección infantil, etc.) o utilizar instrumentos con los que no cuenta el centro (planos de la biblioteca, señalización, catálogos de autor/autora, título y materias, catálogos automatizados, etc.).
  2. Organización de actividades dirigidas al profesorado del centro (conocimiento de la biblioteca pública, servicios al profesorado, formación de usuarios y de usuarias, etc.).
  3. Participación en actividades en la biblioteca pública (exposiciones, cuentacuentos, programa para la formación de usuarios o usuarias dirigido a centros educativos, etc.).

Estos ejemplos son tan sólo una muestra. Las iniciativas cada vez más novedosas de las bibliotecas públicas, junto con las de los propios centros educativos, son las que enriquecen y amplían las posibilidades de trabajo conjunto.

Es probable que en la localidad en la que se sitúa el centro educativo exista una biblioteca pública y lo lógico sería que ambas colaborasen. Dado que las bibliotecas públicas están mejor dotadas y tienen un personal más cualificado que las bibliotecas escolares, éstas últimas saldrían ganando, aunque al final son los usuarios o usuarias, alumnado y docentes, los que podrán beneficiarse de ello. Por supuesto, hay que contar con el consentimiento y la ayuda de la biblioteca pública.

La biblioteca pública puede ayudar y colaborar con la biblioteca escolar en diversos puntos:

  1. Servicio de préstamo. Las bibliotecas escolares no cuentan con una colección extensa de documentos y tienen un marcado aspecto didáctico y pedagógico, lo que hace que no dispongan de materiales que sí se encuentran en las bibliotecas públicas.
  2. Las bibliotecas públicas tienen, entre sus funciones, la de suministrar fondos en préstamo a las bibliotecas escolares que lo soliciten. El periodo de préstamo suele ser de tres, seis o nueve meses y la cantidad de documentos que pueden prestar simultáneamente incluye lotes de 50 a 100 volúmenes, según lo que haya establecido la biblioteca pública en eldenominado préstamo colectivo.
  3. Además, de forma puntual puede prestar títulos que se encuentren en otras bibliotecas públicas de la red a través del préstamo interbibliotecario.
  4. Formación de usuarios y usuarias: la biblioteca pública puede colaborar en esta tarea desplazándose al centro para contar a los usuarios las posibilidades de la biblioteca pública como complemento de la escolar.
  5. Ayuda a la hora de seleccionar o adquirir fondos, puede haber un intercambio de información, ya sea para que las colecciones de ambas se complementen, como para aconsejarse mutuamente sobre fuentes o criterios en la selección.
  6. Animación a la lectura: participando los docentes en talleres o seminarios literarios de literatura infantil junto con bibliotecarios y bibliotecarias.
  7. Elaboración de guías de lectura conjuntas sobre temas, personajes o efemérides que sean de interés para el público de ambas, incluyendo títulos que se encuentren en una u otra biblioteca.
  8. La biblioteca pública puede ofrecer cursos al profesorado sobre técnicas documentales y bibliotecarias, talleres de encuadernación y edición, formación de usuarios y usuarias para acceder a información automatizada, etc.
  9. Es importante concretar la colaboración en el sistema de ordenación y señalización, para que ambos sean similares.

Las posibilidades de cooperación y complementación de la biblioteca escolar y la pública son muy variadas, y la única condición para que se pueda dar es que exista una voluntad de trabajo por parte de los/las responsables de cada una y apoyo e interés por parte del profesorado del centro.

Hay distintas publicaciones interesantes sobre el tema de bibliotecas, quizá una de las mejores sea la revista “Bibliotecas y Educación”. En su número 101, un monográfico sobre las bibliotecas en Castilla y León, se encuentra el artículo: “Las Bibliotecas Públicas y Bibliotecas Escolares; una colaboración necesaria” de Margarita García Moreno y Concha González Díaz de Garayo que conviene leer.