¿Leer en una pantalla cambia nuestra forma de leer?

Hablar de la transformación de las bibliotecas en la sociedad digital implica hablar también de cómo han cambiado los libros, los lectores y, sobre todo, las formas de acceder a la información. En este contexto, la trayectoria investigadora de José Antonio Cordón García, catedrático de la Universidad de Salamanca, resulta especialmente relevante para comprender algunos de los cambios que están afectando al mundo del libro, la lectura, la edición y las bibliotecas.

Cordón García ha desarrollado buena parte de su actividad académica en el ámbito de la Biblioteconomía y Documentación y ha investigado cuestiones relacionadas con la historia del libro y de la lectura, la industria editorial, la edición digital, los libros electrónicos, la lectura digital y la sociedad de la información. En la Universidad de Salamanca está vinculado al área de Biblioteconomía y Documentación y al grupo de investigación E-LECTRA, centrado en la historia del libro, la lectura, la edición digital y la sociedad de la información.

Su trabajo permite observar la biblioteca no como una institución que simplemente sustituye los libros impresos por libros electrónicos, sino como un espacio cultural que tiene que adaptarse a una transformación mucho más profunda: está cambiando la manera en que producimos, distribuimos, descubrimos, compartimos y leemos los contenidos.

La llegada de Internet, los teléfonos inteligentes, las tabletas, los lectores electrónicos, las plataformas digitales y las redes sociales ha modificado el ecosistema del libro. El lector ya no depende necesariamente de un espacio físico para localizar una obra ni de una única vía para acceder a ella. Al mismo tiempo, las bibliotecas han tenido que afrontar nuevas cuestiones relacionadas con las colecciones digitales, las licencias, los derechos de autor, los sistemas de préstamo electrónico, la preservación de contenidos y las nuevas formas de mediación cultural.

¿Qué entiende Cordón García por lectura digital?

Uno de los aspectos centrales de las investigaciones de José Antonio Cordón García es precisamente la lectura digital. Esta no puede entenderse únicamente como leer el mismo texto que antes se encontraba en papel pero utilizando una pantalla.

La digitalización modifica el soporte, pero también puede modificar el contexto en el que se produce la lectura. Cambian los dispositivos, las posibilidades de navegación, la relación con otros contenidos y la manera en que el lector encuentra y selecciona aquello que quiere leer.

En su trabajo sobre La lectura digital: intelección, apropiación y contextos, Cordón García plantea la necesidad de estudiar aspectos como la legibilidad y la lecturabilidad, pero también cuestiones relacionadas con la concentración, la distracción, la comprensión y las diferentes tipologías de lectura que aparecen en los entornos digitales.

Esta perspectiva resulta importante porque evita plantear el debate como una simple oposición entre papel y pantalla. La pregunta no es solamente qué soporte utiliza una persona para leer, sino cómo lee, qué lee, en qué contexto lo hace, con qué objetivos y qué relación establece con el contenido.

La lectura digital puede ser lineal, pero también puede ser fragmentada, hipertextual, interactiva o social. Un lector puede comenzar leyendo un libro electrónico y terminar consultando referencias, reseñas, vídeos, comentarios de otros lectores o información complementaria en Internet.

La experiencia lectora se convierte así en un proceso potencialmente más abierto y conectado.

El libro electrónico como parte de una transformación mayor

Mucho antes de que los libros electrónicos se incorporaran de manera habitual a los hábitos de numerosos lectores, Cordón García ya estudiaba el impacto que podían tener en el ecosistema editorial y bibliotecario.

En el trabajo Los libros electrónicos: la tercera ola de la revolución digital, publicado junto con Julio Alonso Arévalo y Helena Martín Rodero, se analizaba la incorporación progresiva del libro electrónico, su presencia en las bibliotecas, la evolución de las colecciones digitales y la transformación de los sistemas de distribución y de los dispositivos de lectura.

La cuestión fundamental es que el libro electrónico no supone únicamente cambiar un formato por otro. Su existencia afecta a toda la cadena del libro: autores, editoriales, distribuidores, librerías, bibliotecas y lectores.

Para una biblioteca, adquirir un libro impreso y adquirir un libro electrónico no significa necesariamente realizar la misma operación en dos formatos diferentes. En el entorno digital aparecen cuestiones relacionadas con las licencias de uso, las condiciones de acceso, el número de usuarios que pueden utilizar simultáneamente una obra, las posibilidades de descarga y las restricciones establecidas por los proveedores.

Este cambio tiene importantes consecuencias para las políticas de adquisición bibliotecaria.

Las bibliotecas y el reto de los libros electrónicos

Uno de los aspectos que más directamente conecta la investigación de Cordón García con las bibliotecas es precisamente la incorporación de los libros electrónicos a las colecciones.

En trabajos dedicados a las políticas de adquisición de libros electrónicos en bibliotecas se ha señalado una diferencia fundamental respecto al modelo tradicional: en determinadas modalidades digitales, la biblioteca no adquiere necesariamente un ejemplar físico que pasa a formar parte de su colección, sino que obtiene una licencia de acceso sometida a unas determinadas condiciones de uso.

Esto cambia profundamente el concepto tradicional de colección.

Durante siglos, una biblioteca podía considerar sus libros como bienes que adquiría, catalogaba, conservaba y prestaba. En el ámbito digital, el acceso puede depender de contratos, plataformas, licencias y condiciones técnicas.

Por ello, la transformación digital de las bibliotecas no consiste únicamente en aumentar el número de libros electrónicos disponibles. También implica replantear cómo se seleccionan, adquieren, gestionan, preservan y ofrecen esos recursos.

La biblioteca del futuro necesita conocer tanto el contenido como las condiciones que permiten utilizarlo.

Nuevos lectores, nuevas formas de leer

Otro concepto importante en la obra de Cordón García es la aparición y evolución del lector digital.

El lector contemporáneo puede desenvolverse simultáneamente en diferentes ecosistemas. Puede leer una novela en papel, consultar un artículo científico en una base de datos, escuchar un audiolibro durante un desplazamiento, leer noticias en el teléfono móvil y descubrir nuevos libros mediante recomendaciones realizadas en redes sociales.

Esta diversidad obliga a abandonar la idea de que existe una única forma de ser lector.

La investigación sobre lectura digital ha prestado atención precisamente a cómo las tecnologías están modificando prácticas relacionadas con la concentración, la memorización, la comprensión y la interpretación. Cordón García ha señalado la importancia de investigar empíricamente estos procesos y no limitarse a afirmaciones generales sobre las supuestas ventajas o inconvenientes de las pantallas.

Por tanto, estudiar la lectura digital exige observar comportamientos concretos y contextos específicos.

No es lo mismo leer una novela tranquilamente en un lector electrónico que consultar rápidamente varias páginas web desde un teléfono móvil. Tampoco es igual estudiar un texto académico durante una hora que realizar una búsqueda documental de pocos minutos.

El dispositivo y el entorno importan, pero también importan el propósito y las características del contenido.

La lectura social: cuando leer deja de ser una actividad exclusivamente individual

Una de las aportaciones especialmente interesantes de las investigaciones de Cordón García es la atención prestada a la lectura social.

Tradicionalmente, la lectura se ha asociado a una actividad individual: una persona, un libro y un momento determinado. Internet y las redes sociales han introducido nuevas posibilidades.

Actualmente un lector puede compartir lo que está leyendo, recomendar una obra, publicar una reseña, participar en un club de lectura virtual, comentar un capítulo, seguir a un autor o descubrir nuevos títulos a través de otros lectores.

La lectura puede convertirse así en una práctica socializada.

Cordón García ha trabajado específicamente sobre los componentes teóricos y las características de la lectoescritura digital en espacios socializados, además de estudiar cuestiones relacionadas con las redes, la colaboración, la visibilidad y la recomendación dentro del sistema del libro.

Esta transformación también afecta a las bibliotecas.

Una biblioteca ya no tiene por qué limitar su actividad a ofrecer físicamente una colección y esperar a que los usuarios acudan a ella. Puede desarrollar comunidades lectoras digitales, recomendar contenidos, organizar clubes de lectura en línea, generar contenidos audiovisuales, utilizar redes sociales y convertirse en un espacio de conversación alrededor de los libros.

Del catálogo bibliotecario a los sistemas de recomendación

La forma de encontrar un libro también ha cambiado.

Durante décadas, el catálogo bibliotecario constituyó una de las principales herramientas para localizar documentos. En el ecosistema digital, los lectores cuentan además con buscadores, plataformas comerciales, redes sociales, blogs, comunidades lectoras y sistemas automatizados de recomendación.

La recomendación se ha convertido en una parte importante de la experiencia cultural digital.

Los sistemas de recomendación pueden ayudar a descubrir contenidos relacionados con los intereses de una persona. Pero también plantean preguntas importantes: ¿por qué se recomienda un determinado libro?, ¿qué datos se utilizan?, ¿qué papel tienen los algoritmos?, ¿qué obras quedan fuera de las recomendaciones?, ¿cómo evitar que el lector reciba siempre contenidos similares?

Estas cuestiones tienen especial relevancia para las bibliotecas, porque su función no debería reducirse a reproducir los mecanismos de recomendación de las plataformas comerciales.

La biblioteca puede utilizar la tecnología, pero también puede aportar algo diferente: mediación cultural, criterio profesional, diversidad documental y acceso a contenidos que quizá no aparecerían en los circuitos de recomendación más populares.

La biblioteca como espacio de mediación cultural

La transformación digital no elimina necesariamente el papel del bibliotecario. En muchos sentidos, puede hacerlo todavía más necesario.

Cuando existe una cantidad prácticamente ilimitada de información disponible, encontrar información deja de ser el único problema. También es necesario saber seleccionar, contrastar, contextualizar y utilizar correctamente esa información.

La biblioteca puede actuar como espacio de orientación.

Esto afecta especialmente a niños, jóvenes, estudiantes, investigadores y personas que no poseen un elevado nivel de alfabetización digital. El acceso a Internet no garantiza por sí mismo la capacidad para utilizar adecuadamente la información.

La biblioteca del siglo XXI puede convertirse, por tanto, en un lugar donde se enseñe no solamente a localizar un libro, sino también a buscar información, evaluar fuentes, utilizar recursos digitales, comprender las nuevas formas de publicación y desarrollar competencias relacionadas con la lectura digital.

Lectura digital y comprensión: una cuestión que requiere matices

Uno de los debates más frecuentes en torno a la digitalización es si leer en pantalla perjudica necesariamente la comprensión.

Las investigaciones sobre lectura digital muestran que se trata de una cuestión mucho más compleja. Factores como el dispositivo, el tipo de texto, el propósito de lectura, el diseño, la atención y el contexto pueden influir en la experiencia.

Cordón García ha señalado precisamente la necesidad de estudiar las condiciones concretas de la lectura digital y cuestiones como la concentración, la distracción y la comprensión, en lugar de reducir el fenómeno a una oposición simple entre papel y pantalla.

Esta mirada resulta especialmente útil para las bibliotecas y para la educación.

No se trata de decir que el papel es bueno y lo digital es malo, ni de asumir que cualquier tecnología mejora automáticamente la experiencia lectora. Se trata de conocer las características de cada entorno y utilizar cada soporte de acuerdo con las necesidades del lector.

Las bibliotecas ante la transformación del ecosistema editorial

La biblioteca también está condicionada por los cambios que se producen en la industria editorial.

La edición digital permite nuevas formas de producción, distribución y visibilidad. Al mismo tiempo, aumenta la velocidad con la que aparecen y circulan los contenidos.

El ecosistema editorial contemporáneo es más complejo que el modelo tradicional basado exclusivamente en autor, editorial, librería, biblioteca y lector.

Aparecen nuevas plataformas, nuevos intermediarios, autopublicación, comunidades digitales, redes sociales, contenidos multimedia y modelos de distribución diferentes.

Para las bibliotecas, esto significa que seleccionar contenidos requiere cada vez más conocimiento del mercado editorial y de las características de los nuevos formatos.

El problema de la visibilidad

Tener acceso a millones de documentos no significa necesariamente que todos tengan la misma posibilidad de ser encontrados.

La visibilidad se convierte en un elemento fundamental.

Una obra puede estar disponible en Internet y, sin embargo, permanecer prácticamente invisible si no aparece en buscadores, catálogos, plataformas o sistemas de recomendación.

Cordón García ha investigado precisamente la relación entre publicación, visibilidad, recomendación y socialización de la lectura. Sus trabajos sobre lectura, sociedad y redes muestran cómo la circulación del libro se encuentra cada vez más vinculada a los espacios digitales y sociales.

Para las bibliotecas, esta cuestión supone un desafío: no basta con disponer de una colección digital; también hay que conseguir que los usuarios puedan descubrirla.

La biblioteca necesita desarrollar estrategias de difusión digital, mejorar sus interfaces, trabajar la presencia en redes y facilitar que los contenidos sean localizables.

Las redes sociales y la biblioteca

Las redes sociales han cambiado también la relación entre instituciones culturales y usuarios.

Una biblioteca puede utilizar estos espacios para anunciar novedades, recomendar lecturas, explicar sus servicios, divulgar patrimonio, organizar actividades o generar conversaciones.

Pero las redes también permiten observar qué interesa a los lectores y cómo se forman comunidades alrededor de determinados autores, géneros o títulos.

En este sentido, la biblioteca puede pasar de ser un espacio principalmente receptivo a convertirse en un agente activo de conversación cultural.

El lector deja de ser únicamente usuario de un servicio y puede convertirse también en participante, recomendador y creador de contenidos.

El audiolibro y la ampliación del concepto de lectura

La transformación digital también ha favorecido la expansión de formatos como el audiolibro.

Cordón García ha dedicado trabajos a estudiar el audiolibro como sector emergente, lo que permite ampliar la reflexión sobre qué entendemos actualmente por lectura y consumo de contenidos.

El audiolibro introduce otra forma de acceder a una obra escrita. No sustituye necesariamente al libro impreso o electrónico, sino que amplía las posibilidades de acceso.

Una persona puede escuchar literatura mientras camina, conduce, realiza determinadas tareas domésticas o se desplaza.

Para las bibliotecas, incorporar audiolibros significa ampliar la diversidad de formatos y atender a diferentes necesidades y hábitos de los usuarios.

La biblioteca pública ante el desafío digital

La biblioteca pública tiene una responsabilidad especialmente importante en este proceso.

Si el acceso a determinados contenidos digitales depende de disponer de dispositivos, conexión a Internet, conocimientos técnicos o determinadas competencias, existe el riesgo de que la transformación digital genere nuevas desigualdades.

La biblioteca puede desempeñar aquí un papel fundamental como institución de acceso democrático a la información y la cultura.

No se trata únicamente de prestar libros electrónicos. También puede facilitar dispositivos, conexión, formación, acompañamiento y orientación.

La transformación digital de la biblioteca debe tener en cuenta, por tanto, la brecha digital.

Una sociedad en la que una parte de la población tiene acceso inmediato a grandes cantidades de información mientras otra parte encuentra dificultades para utilizar herramientas digitales puede generar nuevas formas de desigualdad cultural.

El préstamo digital y los nuevos modelos bibliotecarios

El préstamo de libros electrónicos es uno de los campos donde estas transformaciones se hacen más visibles.

La investigación académica relacionada con los servicios de préstamo de libros electrónicos en bibliotecas públicas continúa analizando los factores que condicionan su consolidación. De hecho, entre las tesis dirigidas por Cordón García figura un trabajo de 2025 dedicado específicamente a los servicios de préstamo de libro electrónico en las bibliotecas públicas.

Esto demuestra que el debate sigue abierto.

La cuestión no consiste únicamente en conseguir que una biblioteca disponga de una plataforma de préstamo digital, sino en analizar su funcionamiento, la experiencia del usuario, las condiciones de las licencias, la oferta disponible y la integración del servicio dentro de la estrategia general de la biblioteca.

¿Desaparecerá el libro en papel?

La perspectiva de Cordón García invita a evitar planteamientos excesivamente simplistas.

La aparición del libro electrónico no implica necesariamente la desaparición inmediata del libro impreso. Los diferentes formatos pueden coexistir y responder a necesidades distintas.

El papel continúa teniendo unas características determinadas y el entorno digital ofrece otras posibilidades.

Más que hablar de sustitución absoluta, resulta más útil hablar de convivencia de formatos y transformación de prácticas.

El lector contemporáneo puede utilizar varios soportes dependiendo del momento, del tipo de lectura y de sus necesidades.

La biblioteca también puede asumir esta diversidad.

La biblioteca como ecosistema y no solamente como edificio

Quizá una de las consecuencias más interesantes de todo este proceso sea la necesidad de ampliar nuestra propia definición de biblioteca.

Durante mucho tiempo pensamos en la biblioteca como un edificio lleno de libros.

Hoy podemos entenderla también como una red de contenidos, servicios, profesionales, usuarios, tecnologías y comunidades.

La biblioteca física continúa teniendo un enorme valor como lugar de encuentro, estudio, cultura y socialización. Pero a su alrededor se desarrolla una dimensión digital que permite acceder a recursos desde cualquier lugar.

La biblioteca contemporánea es, por tanto, simultáneamente física y digital.

El papel del bibliotecario también cambia

La transformación tecnológica modifica igualmente el perfil profesional del bibliotecario.

El bibliotecario necesita conocer los recursos tradicionales, pero también los digitales. Debe comprender los sistemas de información, las plataformas de préstamo, las bases de datos, los derechos de autor, la alfabetización informacional, las redes sociales y las nuevas formas de comunicación con los usuarios.

Su función no desaparece: se transforma.

En un contexto caracterizado por la abundancia de información, el profesional puede convertirse en un mediador especialmente importante entre el usuario y el conocimiento.

Una mirada hacia el futuro

La obra de José Antonio Cordón García permite comprender que la transformación digital del libro no puede analizarse únicamente desde la tecnología.

La cuestión fundamental es cultural.

Cambian los soportes, pero también cambian los lectores. Cambian los lectores, pero también cambian las formas de leer. Cambian las formas de leer y, como consecuencia, las bibliotecas necesitan revisar sus servicios, colecciones y estrategias.

La investigación de Cordón García ha abordado precisamente muchos de estos elementos: el libro electrónico, la lectura digital, los nuevos lectores, la lectura social, la visibilidad, las redes, la recomendación y las transformaciones del ecosistema editorial. Su producción científica incluye trabajos recientes sobre los patrones de lectura y escritura en el escenario digital, la figura del lector, la socialización de la lectura y los procesos de desapego en la lectura digital en educación superior.

La conclusión más interesante no consiste en determinar si el futuro pertenece al papel o a la pantalla.

El verdadero cambio está en comprender que leer ya no es necesariamente una experiencia vinculada a un único soporte, un único lugar o una única forma de interacción.

José Antonio Cordón García y una nueva concepción de la biblioteca

Desde esta perspectiva, las aportaciones de José Antonio Cordón García resultan especialmente útiles para pensar en las bibliotecas del presente y del futuro.

La biblioteca digital no debería ser simplemente una biblioteca tradicional trasladada a Internet. Necesita desarrollar nuevas formas de selección, organización, acceso, recomendación y participación.

Debe ofrecer contenidos, pero también facilitar que los usuarios sepan encontrarlos.

Debe disponer de tecnología, pero también enseñar a utilizarla.

Debe conservar el patrimonio bibliográfico, pero al mismo tiempo comprender las nuevas formas de creación y circulación cultural.

Y debe mantener su función social en un escenario en el que la información es cada vez más abundante y, al mismo tiempo, más difícil de filtrar.

La evolución de las bibliotecas está estrechamente relacionada con la evolución de la lectura. Por eso, estudiar la lectura digital significa también estudiar el futuro de las bibliotecas.

La trayectoria investigadora de José Antonio Cordón García muestra precisamente esa conexión entre libro, lector, lectura, tecnología, edición y biblioteca. Sus investigaciones ayudan a entender que la revolución digital no consiste solamente en cambiar el papel por una pantalla, sino en la aparición de un nuevo ecosistema cultural en el que los lectores participan, recomiendan, comparten, buscan y construyen nuevas formas de relación con los contenidos.

En ese nuevo escenario, la biblioteca tiene todavía mucho que aportar.

Quizá su mayor desafío no sea competir con Internet, sino convertirse en uno de los lugares donde las personas puedan aprender a orientarse dentro de él.

Algunas obras y líneas de investigación relacionadas

Entre las publicaciones y líneas de trabajo de José Antonio Cordón García relacionadas con estos temas se encuentran investigaciones sobre libros electrónicos y lectura digital, lectura social, sistemas de recomendación, lectura en entornos digitales, bibliotecas, industria editorial y nuevos patrones de lectura y escritura. Su producción científica registrada por la Universidad de Salamanca incluye más de doscientas publicaciones y trabajos recientes sobre lectura digital y sociedad del conocimiento.

Entre sus trabajos relacionados con estas cuestiones destacan Los libros electrónicos: la tercera ola de la revolución digital, La lectura digital: intelección, apropiación y contextos, La investigación sobre lectura en el entorno digital, Libros electrónicos y lectura digital: los escenarios del cambio, La lectura social: componentes teóricos y características estructurales de la lectoescritura digital en el espacio socializado y trabajos sobre sistemas de recomendación en el contexto editorial.

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