Félix Lope de Vega Carpio, grande escritor del Siglo de Oro

Madrid, 25 de noviembre de 1562 – Madrid 17 agosto de 1635. Escritor español. Era hijo de Félix de Vega, bordador de la corte y de Francisca Fernández Flores. Pasó los primeros años de su vida en Sevilla, con el inquisidor Miguel de Carpio, su tío, cuyo apellido adoptó.

Félix Lope de Vega Carpio, escritor del Siglo de Oro

Estudió después en el colegio de los jesuítas en Madrid y también en la Universidad de Alcalá, aunque no se graduó. En 1578 murió su padre y Lope huye de su casa con un amigo, pero al poco tiempo un alguacil los devuelve a Madrid. Entró entonces al servicio de Pedro Dávila, marqués de las Navas, y por esas fechas se sabe de sus amores con María de Aragón, “Marfisa”.

Para huir del compromiso se alistó en la expedición del marqués de Santa Cruz a la isla Terceira en las Azores (1583). Ya entonces se había dado a conocer como poeta y comediógrafo. Al regreso de la expedición parece que se iniciaron sus amores con la comedianta Elena Osorio “Filis” hija de un cómico, Jerónimo Velázquez, y casada con Cristóbal Calderón. Estos amores los dio a conocer el propio Lope a través de sus poemas, que se difundieron por Madrid, y más tarde los reflejó en La Dorotea. Al ser postergado Lope por otro galán, acabaron estos amores con unos libelos del despechado amante contra Elena y su familia. Estos libelos le costaron ocho años de destierro de la corte y dos de Castilla. Sale de Madrid en febrero de 1588. Antes de partir raptó a Isabel de Urbina, “Belisa”, con quien se casó después por poderes. Ese mismo año se alistó en la Armada Invencible. Al regreso de la fracasada expedición se instaló con su esposa en Valencia, que era por entonces un importante centro cultural y teatral. Los 18 meses que Lope pasó allí fueron de una gran actividad literaria. En 1590 pasó a Toledo como secretario del Marqués de Malpica, pero abandonó pronto ese puesto para entrar al servicio del duque de Alba y trasladó su hogar a Alba de Tormes, donde permanecerá hasta 1595. Allí escribirá La Arcadia, dedicada al duque de Alba. El destierro ha concluído y Lope vuelve a Madrid en 1595. Allí trabaja intensamente. En abril de 1598 contrae matrimonio con Juana de Guardo, hija de un abastecedor de carne, y también por entonces inicia sus amores con Micaela Luján, “Camila Lucinda”, cómica de gran belleza.

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En 1598 entra como secretario al servicio del marqués de Sarrià, después conde de Lemos. Entre ese mismo año y el siguiente publicará La Arcadia, La Dragontea y el Isidro. En 1599 va a Valencia para las bodas de Felipe III y escribe para ese acontecimiento el auto Bodas entre el alma y el amor divino (1605). Lleva después una vida muy movida, de una ciudad a otra (Madrid, Sevilla, Toledo, etc.), siguiendo a Micaela Luján. En 1605 entra al servicio del duque de Sessa, Luis Fernández de Córdoba, como secretario y confidente de amores, quien le encarga, a veces, tareas tan airosas como la de escribirle sus cartas de amor.

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En 1608 es nombrado familiar del Santo Oficio. Parece que Lope sufrió cierta crisis religiosa. Rompió con Michaela Luján y entró en 1609 en la Congregación de Esclavos del Santísimo Sacramento. Escribe entonces poesía religiosa y publica La Jerusalén conquistada y el Arte Nuevo. Fija su residencia en Madrid y al poco (1612) muere su hijo Carlos Félix, y al año siguiente Juana de Guardo, su esposa, al dar a luz a Feliciana. Decide entonces tomar órdenes menores. Sin embargo, al estar ordenado no le impide amar a Jerónima de Burgos o marcha a Valencia siguiendo a Lucía Salcedo “la Loca”, coqueteos de poca monta que le crearán alguna crisis de conciencia.

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Hacia 1616 aparece su último amor, Marta de Nevares (“Amarilis”, “Marcia Leonarda”), de la cual tuvo en 1617 una hija, Antonia Clara; estos trágicos amores acaban con la locura de Marta de Nevares. La hija, Antonia Clara, será raptada por un cortesano, Cristóbal Tenorio. En 1618, al dar una nueva edición de El Peregrino en su patria, Lope presenta un registro de sus obras dramáticas, con 448 títulos. En 1620 solicita en vano el cargo de cronista real. Su hija Marcela entra en el convento de las Trinitarias Descalzas y Lope Félix en la milicia. Marta de Nevares morirá en 1632. Son años malos para Lope. Sin embargo, durante esos años aparecen sus mejores obras: El castigo sin venganza (1631), La Dorotea (1632), Las Rimas…, de Burguillos, etc. Murió Lope el 17 de agosto de 1635 y la comitiva fúnebre reúne a todo Madrid en un auténtico duelo popular.

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Su producción literaria se extiende a lo largo de la mayoría de los géneros empleados en el siglo de Oro. En prosa escribe La Arcadia (1598), novela pastoril que describe la vida de Alba de Tormes; El peregrino en su patria (1604), novela de aventuras de aire bizantino en la que intercala cuatro autos sacramentales; escribe también una novela pastoril a lo divino, Los pastores de Belén (1612) y El triunfo de la fe en los reinos de Japón por los años de 1614 y 1615 (1618), obra de encargo sobre el martirio de varios sacaerdotes; cuatro novelas dedicadas a Marta de Nevares, de aire italianizante: Las fortunas de Diana (en La Filomena, 1621), La desdicha por la honra, La prudente venganza y Guzmán el Bravo (en La Circe, 1624). Finalmente, La Dorotea (1632), “acción en prosa” en que recuerda sus amores con Elena Osorio, novela repleta de pensamientos íntimos de Lope y también de lo más interesante de sus ideas literarias. La antigua poesía épica, con su prestigio, también atrae e Lope. El ejemplo es Italia, Ariosto y Tasso, y la métrica sigue a los modelos italianos, la octava real: La Dragontea (1598), donde narra las correrías de Drake: La hermosura de Angélica (1602) y la Jerusalén conquistada, una de las obras más cuidadas y queridas de Lope, aunque quizá no la más lograda. En consonancia con el género también utilizó los mitos clásicos, como en La Filomena, La Andrómeda (1621) y La Circe (1624). Canta también diversas historias como La corona trágica (1627), sobre María Estuardo, o La rosa blanca (1624), sobre la hija de Olivares.

Los temas religiosos son también del gusto de Lope, y escribe en populares quintillas el Isidro, donde pinta la vida del santo labrador de Madrid, y en tercetos los Triunfos divinos (1625). En silvas escribe parodias como La gatomaquia (1634), una Isagoge a los Reales Estudios de la Compañía de Jesús (1629) o la descripción de los varones ilustres del siglo de oro en El laurel de Apolo (1630). La lírica de Lope aparece dispersa en diferentes obras suyas o reunidas en las Rimas (1604), las Rimas sacras (1614), el Romancero espiritual (1619), las Rimas humanas y divinas del licenciado Tomé de Burguillos (1634) o en La Vega del Parnaso (1637). Lope gusta del verso llano y claro, pero de tanto en tanto pueba la sofisticada lira culterana.

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La obra dramática de Lope es inmensa, Juan Pérez de Montalbán, su primer biógrafo, contó hasta 1.800 obras teatrales y más de 400 autos sacramentales. En realidad no pasaron de 800 obras (independientemente de los autos), y actualmente solo se conservan algo más de 300 seguras y un centenar de dudosa atribución. Siguiendo la clasificación por temas de Menéndez y Pelayo se podrían citar:

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1) Autos sacramentales. El viaje del alma, La siega.

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2) Comedias religiosas: La creación del mundo, La Buena guardia.

3) Mitológicas: El laberinto de Creta

4) De historia de la antigüedad: Roma abrasada, Contra valor no hay desdicha.

5) De historia extranjera: El duque de Moscovia

6) De historia española, de crónicas y leyendas: El mejor alcalde el rey, La estrella de Sevilla, Peribáñez y el comendador de Ocaña, El caballero de Olmedo, Los comendadores de Córdoba, Fuente Ovejuna, El mejor mozo de España, El alcalde de Zalamea.

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7) De asunto fantástico: El marqués de Mantua, La doncella Teodor, El castigo sin venganza.

8) De enredo y costumbres: El acero de Madrid, El rufián castrucho, El perro del hortelano, La dama boba.

Las ideas de Lope sobre el drama se condensan en el Arte nuevo de hacer comedias: adaptar el teatro al público y dar más importancia a la verosimilitud y a la invención de lo narrado que a los preceptos del arte poético. Son necesidades de un nuevo público, fruto de un crecimiento demográfico de las ciudades españolas del siglo XVI. Curiosamente, esta actualización de la preceptiva clásica se encuentra ya en las perspectivas literarias italianas del siglo XVI, en los comentarios a Aristóteles de Castelvetro, por ejemplo. Por otra parte, hay que resaltar la influencia del teatro del senequista valenciano Cristóbal de Viurés, al que pudo conocer Lope en su estancia en Valencia.

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