Las afueras, primera novela de Luis Goytisolo

Primera novela, aunque formada con relatos aislados, de Luis Goytisolo (Barcelona, 1935), publicada en 1958. Los vínculos que unen los episodios alejan al libro de las habituales colecciones de cuentos.

Las afueras, primera novela de Luis Goytisolo

Denuncia de la condición de las clases trabajadoras y de la situación de privilegio de la burguesía mediante siete historias contadas con varios elementos comunes: la época (a los dieciocho años de la guerra civil), el lugar (que bien puede ser Barcelona y sus alrededores, aunque no siempre se precise), el ambiente (pobreza agraviada por las riquezas), los personajes (los acomodados y los humildes con repetición de nombres propios), la perspectiva (autor que ofrece el testimonio.

Una docena de personajes que llevan el mismo nombre (aunque no sería necesario que lo llevaran porque aun no relacionándose ni pareciéndose coinciden en edad, en situación social y en actitud ante la vida) viven condicionados por el ambiente sociopolítico. En todo ellos fluye algún asunto que se explica desde el pasado y que luego se prolonga en algunas circunstancias más sin que una situación definitiva cierre la historia. En el primer capítulo, Víctor, que ha hecho la guerra, vive solitario en una finca donde ha ido a pasar unos días. Lleva una vida ociosa dedicada a la caza, los paseos y las charlas y que contrasta con la actitud esforzada de quienes lo rodean. Suele ir acompañado de la hija de la aparcera de la finca. Tiene ésta a su marido en la cárcel y su anciano padre deja pasar estérilmente los días. Víctor espera una carta que cuando llega está redactada con una sola palabra, <<No>>, que es la respuesta de su mujer, la que tiene dinero. Su decepción se añade a la que ya siente como fracasado en sus intentos de explotación de la finca o de acercamiento a los campesinos del lugar. Su desencanto lo acerca al alcohol y a algunos signos de violencia de los que más tarde se arrepiente. En el segundo capítulo, don Augusto y doña Magdalena están a cargo de su nieto, un niño retraído, silencioso y triste después del accidente de automóvil de sus padres. La voluntad de los abuelos por hacerle la vida grata fracasa constantemente, pues solo dejan ver sus desavenencias, sus egoístas interpretaciones de la ternura y el afecto. En el tercer capítulo y episodio aparece otro Víctor que también hizo la guerra, de vida acomodada ahora, que en una noche de juerga con su amigo Nacho se encuentra accidentalmente con Ciriaco, su asistente de entonces, limpiabotas ahora, ex combatiente de Leningrado, ex presidiario y tísico desahuciado en estos días que intenta ocultar sus miserias. El cuarto capítulo muestra la miserable vida en un pisito suburbial de dos ancianos, Domingo y Amelia, antiguos empleados del campo, jardinero él, sirvienta ella, y ahora tristemente solos. Se ocupan en una huerta de flores. Amelia es atropellada por un coche y él queda aun más solo y anulado. Es la otra cara de los ricachones del capítulo segundo. El quinto capítulo enfrenta a dos familias rurales por el amor de sus hijos. Tonio representa el progreso con respecto a las tareas del campo; el padre de Dineta, la tradición, la independencia y el apego a los medios tradicionales. El sexto capítulo , lo protagonizan la pareja formada por Ciriaco, que trabaja de peón y su mujer, Claudina, que lo hace de lavandera, ambos emigrados murcianos. Un día Ciriaco roba unas tubierías y su propio hijo, Bernardo delata ingenuamente su paradero y es detenido. En el séptimo y último capítulo a Alvarito todo le va bien: sus estudios, su ocio, su iniciación universitaria y todas sus relaciones.

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Las afueras son, o bien pudieran ser, los barrios periféricos o pueblos cercanos a Barcelona, pero también el aislamiento, la marginación personal (soledad) y social (diferencias de clase) de los esforzados campesinos o de los que malviven en la ciudad. Los que viven en la abundancia de bienes se representan, según indica Nora y Sanz Villanueva, con personajes que se llaman don Augusto (terrateniente, hombre de negocios o médico) o doña Magdalena (mujeres de los don Augusto), pero tiene vacías las arcas de la moralidad; los hijos de esta burguesía se llaman Víctor y tratan de acercarse al pobre, hicieron la guerra y viven ahora su frustración y comparten generación con los Ciriaco, que son obreros del campo o de los oficios callejeros ciudadanos. Los niños sufren la injusticia de los mayores, aunque hay un  futuro halagüeño (y frivolón, como en el caso de Alvarito) ante ellos. Para Nora, los relatos convergen en <<mostrar la comunicación, la injusticia o el rencor sordo de los seres humanos entre sí>>.

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Para Valls, <<todos los capítulos rezuman un fuerte pesimismo, que nos hace pensar no solo en la imposible reconciliación entre las clases sociales, sino también en el difícil entendimiento entre los humanos, sin distinción de edad, clase o condición. El único personaje, que se salva, el único que todavía tiene esperanzas de futuro, es Tonio, el líder campesino que aboga por la unión y por la modernización del campo>>.

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El autor no interviene en sus opiniones; cuenta con sucinto objetivismo y se basa en los diálogos. El lenguaje es sobrio y fluido. Se ajusta así al ambiente para reflejar la tensión y la impresionante templanza de unos hechos y situaciones (muchas veces costumbristas) que apuntan hacia una amplia gama de evocaciones.

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