Origen de la expresión literaria

Origen de la literatura

En sus orígenes la expresión literaria tuvo un carácter social. La poesía (épica o lírica) se acompañaba de alguna forma de salmodia o música que ritmaba el relato, facilitando además su memorización. En Grecia, como también en la literatura latina, aparece ya casi todo el repertorio de los géneros literarios conocidos en la actualidad (epopeya, lírica y teatro).

Origen de la literatura

En la Edad Media, todavía al comienzo se encuentra una abundante epopeya de transmisión oral (cantares de gesta franceses y castellanos). La novela en verso (roman courtois) impone su presencia en el siglo XII, tiende a prosificarse en los siglos siguientes, se mezcla con la aportación del cuento italiano (Boccaccio) y a fines de la Edad Media está preparado el terreno para lo que será la novela moderna.

Si bien habría que esperar al Renacimiento, para que el teatro de obras de relieve, anticipadas casi en el límite de los nuevos tiempos por el caso aislado y genial de La Celestina, la poesía lírica de carácter culto va a sentar las bases de toda la tradición poética occidental con los trovadores provenzales. La lírica se amplia y perfecciona con el stil nuovo italiano y en el siglo XIV después de la gran síntesis de Dante, tendrá en la persona de Petrarca el gran maestro de la expresión poética moderna.

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La mayor novedad del siglo XIV es sin duda el ensayo, que recibe su nombre gracias a Montaigne, pero que ya había sido cultivado por otros muchos humanistas. Volvemos a encontrar la épica y la novela no acaba de configurarse como un género nuevo y personal, a pesar del caso aislado de Rabelais y del Lazarillo de Tormes, origen de la picaresca.

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En el teatro, Shakespeare y los primeros isabelinos en Inglaterra y Lope de Vega en España inician el camino del gran teatro barroco que está en puertas. El siglo XVII es un siglo pletórico de obras maestras en todos los géneros. En el teatro, en torno a Shakespeare se mueve un buen número de dramaturgos de primer orden; en España se impone la variada y riquísima experiencia teatral que va de Lope a Calderón y años más tarde, en Francia, el trío que forman Corneille, Racine y Molière.

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El siglo barroco da también una producción poética de altísimo valor (en España, Quevedo, Lope, Góngora; en Inglaterra Donne, Milton, sin olvidar Italia, Alemania y Francia). En cuanto a la novela, es la época del Quijote y del grueso de la picaresca. A su lado, la prosa novelesca alcanza alturas infrecuentes (Gracián, Pascal, Bossuet, La Rochefoucauld).

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El siglo XVIII va a tener perspectivas muy diferentes; la comedia conoce un gran auge. Solo en el último cuarto de siglo, la irrupción de los nuevos autores alemanes (Goethe, Schindler, Novalis) salva de la mediocridad a la poesía y a la tragedia dieciochescas. La novela se plantea de un modo reconociblemente moderno, pero solo en dos países, Francia y sobre todo Inglaterra.

Con el romanticismo del siglo XIX dos géneros van a triunfar, abriendo continuamente nuevas perspectivas. La poesía lírica conoce una esplendorosa floración romántica, se renueva por completo con Baudelaire y en el último cuarto de siglo, con los maestros del simbolismo (Verlaine, Rimbaud, Mallarmé).

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En cuanto a la novela, Francia e Inglaterra dominan el panorama de la narrativa durante tres cuartos de siglo. En los decenios finales del siglo los autores rusos cambian la situación, pero Francia y Gran Bretaña siguen siendo la cuna de grandes  novelistas. En teatro, solo a partir de la revolución que provocan ya muy tardíamente los autores escandinavos aparecen grandes dramaturgos como el ruso Chéjov y Wilde en Gran Bretaña.

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En la primera mitad del siglo XX el género claramente dominante es la novela, pero en torno a los años de la primera guerra mundial va a sufrir una enorme transformación y en el periodo de entreguerras los experimentos afectan a casi todas las literaturas.

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Hacia los años cincuenta, el cine y la televisión toman el relevo de muchas de las funciones que desempeñaba tradicionalmente la novela y ésta tiende a recluirse en lo que le es más propio, los valores autónomos de la palabra y de la narración. La poesía desarrolla hasta el fin las posibilidades más extremas del simbolismo que le conducen a los movimientos de vanguardia, sobre todo al surrealismo.

En los últimos treinta años, bajo el imperio audiovisual, la literatura, que había cubierto zonas inmensas de la expresión, se ve reducida a su peculiaridad, la palabra misma y las funciones informativas, críticas, ideológicas, de relato, de entretenimiento, han sido absorbidas por otros géneros extraliterarios.

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