Galdós y sus Episodios Nacionales

Colección de 46 novelas históricas de Benito Pérez Galdós publicadas entre 1873 y 1912 y organizadas en cinco series. Los volúmenes relatan la historia de España del siglo XIX desde la batalla de Trafalgar en 1805 hasta el golpe de estado del general Pavía en 1874 y el gobierno de Cánovas del Castillo, a la vez que varias historias novelescas protagonizadas por los personajes de ficción que participan como actores en los acontecimientos históricos. Cuando sus protagonistas no pueden ser testigos directos de la historia, apela el autor a recursos varios a veces muy forzados, o a procedimientos indirectos como narraciones de testigos.

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En la primera serie Galdós se sirve de Gabriel Araceli. Es éste protagonista y narrador en primera persona y personaje cercano en muchos aspectos a aquellos héroes de las novelas folletinescas que, tras superar una serie de difíciles pruebas, triunfan. La parte argumental que a él se refiere deambula por estimulantes pero anodinas tramas, sin profundizar ni documentar. El argumento se convierte así en un análisis del gran tema de la ascensión de la burguesía al poder. En el marco histórico, el autor selecciona acontecimientos señalados y se sirve de los testigos de los hechos para recrear ambientes, rememorar batallas y encuadrar las intrigas políticas para construir una serie activa, de guerras, de heroicidades, de voluntad y de optimismo. Galdós no parece tener los planes claros desde los primeros títulos, pero le va dando coherencia en el segundo y tercer episodios y convirtiendo su obra en otra mayor en la que la acción guarda una emocionante continuidad.

La época narrativa de la segunda serie se extiende hasta el final de la guerra contra los franceses (1844) hasta el final del reinado despótico de Fernando VII (1814-1833) y la lucha política entre absolutistas y liberales (1834). Está formada por los siguientes títulos: El equipaje del rey José, Memorias de un cortesano de 1815. La segunda casaca, El grande oriente, El siete de julio, Los Cien Mil Hijos de San Luis, El terror de 1824, Un voluntario realista, Los apostólicos y Un faccioso más…y algunos frailes menos, episodio en el que Galdós se despedía de los lectores y daba por concluida la empresa, aunque luego cambiara de opinión. Son acontecimientos importantes de esta serie la vuelta al trono de Fernando VII, su pronunciamiento contra la Constitución de 1812, la restauración en 1820, el Trienio Liberal y la aniquilación del mismo a manos de los Cien Mil Hijos de San Luis y un nuevo período absolutista que durará hasta la muerte del rey. El personaje central Salvador Monsalud es símbolo de la España liberal. Para representar a la España tradicionalista se sirve Galdós de Carlos Garrote. Ya no tenemos protagonista omnisciente, sino personajes que hablan en primera persona; ya no son batallas contra los franceses, sino los problemas de la patria, sus contradicciones y conflictos; ya no hay guerras, sino exploración en las conciencias; ya no hay una lucha clara y heroica de la independencia, sino una batalla en busca de la identidad de los españoles encarnada de los dos protagonistas, figuras simbólicas de las dos Españas que empiezan a destrozar sin piedad. La idea liberal y progresista la encarna un hombre débil y aventurero.

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Las diez novelas de la tercera serie fueron escritas en poco más de dos años. Aunque había prometido no escribir más episodios, necesitó pagar los pleitos que lo llevaron a la recuperación de su obra. El tiempo histórico se extiende desde 1834, con el inicio de las guerras carlistas, hasta 1846 boda y mayoría de edad de Isabel II, tras las regencias de María Cristina y de Espartero. Los siete primeros relatan las guerras carlistas: Zumalacárregui, Mendizábal, De Oñate a la Granja, Luchana, La campaña del Maestrazgo, La estafeta romántica, Vergara. Los tres últimos, Montes de Oca, Los ayacuchos y Bodas reales, se ambientan en las dos regencias y en el inicio de Isabel II, prolegómeno de lo que será la cuarta serie. Nos encontramos aquí el reinado de Isabel II desde la primera guerra carlista hasta la boda de la reina. Varios volúmenes son casi totalmente novelescos, recuperando el mismo esquema que en la segunda serie mediante un hilo simbólico. Los protagonistas de esta serie no se mueven por ideales políticos, sino que pululan, inspirados por el romanticismo, solitarios, aislados, ajenos a la toma de posturas. La España romántica y desarraigada está perdiendo su identidad, viene a ser la conclusión, se ha vuelto loca. A diferencia de las series anteriores, ahora ya no hay un argumento que abarque los diez episodios, no está trazado, sino que pasa el autor de un asunto a otro en bocetos aislados. La crítica ha reconocido en esta serie un afán de renovación experimental, de buscar un mundo psicológico, religioso y sexual, entre otros asuntos, mediante diversos ejercicios de estilo.

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Se ocupa la cuarta serie de todo el reinado de Isabel II desde la revolución de 1848 al destronamiento en 1868. Los últimos seis años (1862-1868) coinciden con el comienzo de la estancia de Galdós en Madrid y pertenecen a la historia vivida por el novelista. A la reflexión sobre los acontecimientos, se añade ahora un acercamiento al pueblo, una integración social, y también empieza el autor a preguntarse qué es España indiferentemente del tiempo, como esencia, como ente personalizada como individuo.  El protagonista aparece ahora más debilitado, y la importancia pasa a la vida colectiva, a la pluralidad de personajes entre los que destaca José Fajardo, que será marqués de Beramendi, liberal católico que simpatiza con los ideales del pueblo, pero que no es capaz de romper con la vida burguesa.

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La quinta serie o serie final está formada solo por seis novelas: España sin rey y España trágica, Amadeo I, La Primera República, De Cartago a Sagunto y Cánovas, estos últimos en tono pesimista o trágico. Aunque Galdós anunció la séptima (Sagasta), nunca llegó. Tratan de la historia de España entre 1868 y 1880. No es una serie incompleta, pues la última novela tiene su final, si no abierto, podría decirse, susceptible de ser continuada, por tanto, inacabada. Es el ambiente de la Primera República y de la Restauración hasta la muerte de Cánovas. A partir de Amadeo I, la totalidad de la acción vuelve a ser narrada por un solo personaje en primera persona, Tito o Tito Liviano, hombre menudo y enamoradizo, amigo del autor, de quien recibe el encargo de escribir la crónica de estos años, aunque no sabe bien qué narrar, o qué merece la pena ser narrado. Fueron escritos en prosa muy fluida, que casi parece hablar con el lector entre 1910 y 1912. En poco se parecen estos episodios a las formas de los anteriores, pues estamos ante algo nuevo y original para la novela histórica, sin antecesores ni continuadores, en la que la propia historia dice no merecer la pena ser historiada. Algunos críticos vieron en ellos el período de decadencia del escritor, aunque otros descubren, por el contrario, una ruptura con la estructura narrativa tradicional para intentar un nuevo tipo de novela.

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Cada una de las series tiene una condición de novela continuada, unión que garantiza y sustenta un protagonista. Dice a este respecto Hinterhäuser que <<si después de varios cientos de páginas, como ocurre con frecuencia, uno de los personajes secundarios vuelve a colocarse en el campo visual del lector, éste adquiere en tales ocasiones la impresión característica de la novela cíclica, es decir, la de una profundidad cronológica y la percepción del proceso transformador del ser humano sometidos a la acción del tiempo>>. La crítica valora muy positivamente las dos primeras series y los lectores suelen sentirse satisfechos con ambas colecciones. Se suelen considerar inferiores los episodios restantes, aunque no falta en ellos destacados logros. Solo el gusto de los lectores puede explicar que la primera serie tenga muy superior difusión. Suele ser la crítica destaca como acierto, la perspectiva del narrador porque no idealiza, ni destaca glorias pasadas, sino que cuenta las cosas como sucedieron con su grandeza popular, con la voluntad de plasmar el pueblo anónimo en torno a cada momento de los nombres que hicieron la historia. El uso de la primera persona de la primera serie ha hecho que algún crítico la relacione, sin demasiado sustento, con la novela picaresca. A partir de la segunda serie alternará el relato autobiográfico con otras formas de presentación narrativa como la del narrador omnisciente, la epistolar, etc. Aunque Galdós no llegó a poseer un verdadero estilo para los Episodios y a pesar del carácter folletinescote algunos paisajes, no ajenos a los estudios críticos, se hacen éstos interesantes, agradables en tono, en comparaciones y en imágenes, en la dimensión de personajes y en la descripción de ambientes. La intuición y la imaginación para enlazar lo histórico con lo novelesco le sirvieron para conseguir páginas extraordinarias. Y eso a pesar de estimulantes recursos para el lector medio como las desapariciones y apariciones de personajes, el corte de la tensión en momentos culminantes, los finales felices, el dominio narrativo de los acontecimientos históricos…Pero la grandeza de los Episodios, además de acercarnos a la Historia de España, es la plasmación y percepción de un mensaje político, el de la libertad y la tolerancia.

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