Todas las almas, de Javier Marías

Novela de Javier Marías publicada en 1989. Todas las almas es la consigna de la Universidad de Oxford, pero resume también la imagen del alma, el espíritu de unos personajes que con el relato de sus vidas pasadas informan sobre la estancia del protagonista en Oxford.

Todas las almas, de Javier Marías

Un narrador cuenta en diecisiete capítulos lo que rodeó su experiencia como profesor español invitado durante dos años en la Universidad de Oxford y descubrimos que fue aquélla la historia de una perturbación. Ahora los hechos están en el recuerdo. Se inicia la crónica cuando el narrador recibe un telegrama que le anuncia la muerte de uno de sus colegas de allí, y siente la necesidad de recordar lo que vivió por entonces, y escribirlo para no olvidarlo.

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Mientras lo recuerda, invita al lector a pasar y pasar páginas a la espera de conocer al difunto, una vez desentendido el autor del motivo inicial. El profesor español ha cambiado mucho desde entonces y ve los hechos con mayor perspectiva. Guarda una visión muy especial de aquella ciudad que para él es ya otro mundo y otro tiempo, lugar donde desarrolló su otra personalidad. Cree que la gente cambia a causa del tiempo y de los lugares, por eso establece una gran separación entre la historia contada y el presente, en el que narra para señalar su cambio. Tiene treinta años. Es un hombre humano, soñador y aburrido que pone ante nosotros un Oxford apático y conservador, un lugar estático, inmudable y poco hospitalario. Él se siente algo turista al principio, y después de dos años aún extranjero. Hombre observador enteramente entregado a la reflexión, su relación con los demás profesores de Oxford no es buena. Todos reciben algún tipo de crítica excepto dos: su amante Clare Bayes y su mejor amigo de allí, Cromer-Blake, para él su guía y protector. Cromer-Blake se ha encargado de abrirle las puertas de la sociedad de la ciudad, y le ha ayudado a instalarse, y le ha presentado a Clare Bayes, mujer de uno de sus amigos. Con ella tiene una relación amorosa, pero también una especie de proteccionismo. Ha observado a los seres de la ciudad, regios y estrictos, tradicionales, castos y religiosos, distantes, solitarios (nunca hablan con desconocidos) y pasivos, y llega a la conclusión de que están perturbados porque viven en otro mundo y en otro tiempo.

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El marco coincide con el vivido por el escritor, que estuvo, efectivamente dos años en Oxford como profesor de español. Lo que nos ofrece son una serie de impresiones vitales, de sensaciones humanísimas que sacan la historia de la cotidianeidad hacia lo universal, que lo alejan de la vida y la instalan en lo que de permanente tiene lo efímero con lo eterno. También nos enfrenta con la existencia gris de una ciudad dorada, Oxford. Los monólogos interiores nos llevan a un mundo nuevo, al mundo de unos personajes como el narrador y la reflexión sobre la muerte, la soledad y el tiempo, un narrador que vive encerrado en sí mismo y que en su relación con los otros está salpicada de rencillas y desconfianzas. Para muchos lectores el relato de la cena con los profesores universitarios es un episodio antológico, así como el sublime episodio de John Gawsworth, un escritor empobrecido, imágenes ambas que solo una pluma elegante y obediente a los estímulos de un dignísimo narrador hubiera sido capaz de captar.

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