Los diccionarios de español a través de la historia

En dos conferencias, los días 18 y 20 de febrero, en la Fundación March en Madrid, Pedro Álvarez de Miranda nos ofreció el ciclo “Los diccionarios de español a través de la historia”, un análisis del panorama histórico que abarca algo más de cinco siglos; los que median entre el diccionario español-latín de Nebrija y el Diccionario del español actual de Manuel Seco.

Los diccionarios de español a través de la historia

Para Pedro Álvarez de Miranda, la historia de estos cinco siglos pivota sin duda sobre un quicio central, el que corresponde a los diccionarios de la Real Academia Española, fundada hace ahora exactamente trescientos años.

El diccionario académico ha llegado a ocupar en la historia de la lexicología española un lugar tan hegemónico que toda ella gira en torno a él, y cabe por eso hablar de una lexicografía preacadémica y una lexicografía extraacadémica. La primera etapa de nuestro recorrido se abre con el primer diccionario bilingüe, que en Europa toma como punto de partida una lengua moderna: el hispano-latino de Nebrija aparecido hacia 1495, y que tuvo perceptible influencia sobre muchos otros repertorios bilingües posteriores. Otro hito en que España fue también pionera fue el primer diccionario monolingüe, el Tesoro de la lengua castellana o española de Sebastián de Covarrubias, aparecido en 1611.

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En 1713 se funda la Real Academia Española, cuyos miembros se afanan desde el primer momento, con denuedo, en la tarea de confeccionar un gran diccionario de la lengua española en que cada palabra fuera avalada por un texto, por un ejemplo de uso.

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En solo trece años (1726) ve la luz el primer tomo del que con el tiempo acabaría siendo conocido como Diccionario de autoridades, y en solo otros trece (1739) culmina la publicación de la obra con su tomo sexto. Pero en 1780 la Academia redujo esos seis tomos a uno solo, prescindiendo de las citas o <<autoridades>>, y el resultado fue la primera edición de la serie que forman las veintidós hasta hoy existentes del diccionario de la Academia por antonomasia, el llamado <<diccionario común>> o <<usual>>.

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De los repertorios lexicográficos posteriores a la Academia, muy numerosos, convendrá destacar el valor de los que menos cedieron a la fácil tentación de seguirla muy de cerca. Es el caso del Diccionario castellano de Terreros, terminados antes de 1767, de los diccionarios de Salvá y Domínguez (ambos de 1846-47), del de María Moliner (1966-67) y, muy especialmente, del más reciente y valioso de todos ellos, el Diccionario del español actual de Manuel Seco, un hito lexicográfico parangonable, por su importancia, al que representó la magna obra inaugural de la Academia.

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Pedro Álvarez de Miranda es catedrático de Lengua Española del Departamento de Filología Española de la Universidad Autónoma de Madrid. Miembro de número de la Real Academia Española. Es autor de más de un centenar de trabajos sobre temas lingüísticos, literarios y de historia cultural. Muchos de ellos versan sobre la historia del léxico y la lexicografía española, con especial atención al siglo XVIII español. El libro Los diccionarios del español moderno (2011) recoge sus trabajos sobre lexicografía española de los siglos XVIII al XX. Dirige, desde su creación en 1982, la colección “Castalia Didáctica”, de Editorial Castalia.

Es presidente de la Sociedad Española de Estudios del siglo XVIII, vicepresidente de la Asociación Internacional de Hispanistas, vocal de la Junta Directiva de la Asociación de Historia de la Lengua Española, Investigador Titular del Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII de la Universidad de Oviedo y miembro de su Junta Rectora. Ha sido tesorero adjunto y vocal de la Asociación Internacional de Hispanistas. Pertenece al Patronato de la Fundación Ramón Menéndez Pidal.

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Es profesor del Curso de Alta Especialización en Filología Hispánica, organizado anualmente por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, para becarios de la Fundación Carolina y la Consejería de Educación de la Comunidad Autónoma de Madrid. También lo es de la Escuela de Lexicografía Hispánica auspiciada por la RAE y la Asociación de Academias de la Lengua Española.

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