Desde que me trabajo a nivel personal, me ha llevado a mirar a mi niña interior de una forma diferente, a tratarla con más compasión y a observar las heridas que vienen de esa etapa y que, en ocasiones, aun no están curadas. Todo ello nos lo resumen de manera magnífica el autor Jordi Gil en su libro Aprende a cuidar de tu niño interior, que me ha parecido una belleza de libro e imprescindible su lectura para todo el mundo que quiera ahondar sobre sí mismo y en el propio crecimiento personal. De vez en cuando nos vamos a encontrar frases para la reflexión encuadradas en el que el autor pone énfasis.

El libro va dedicado a Aleix y a Marta y comienza con una frase de Joseph Campbell al que le sigue un índice y se estructura en ocho capítulos. El prólogo está escrito por el extraordinario autor que escribe también sobre crecimiento personal Francesc Miralles. Francesc nos cuenta desde su punto de vista cómo el niño herido condiciona la vida adulta y nos habla de los beneficios del libro, él mismo es el que nos hace referencia a su libro Los lobos cambian el río y de los traumas que llevamos sobre la espalda. A lo largo del libro vamos a encontrar un montón de citas sobre diversos autores, pero ahora y al inicio quiero resaltar la de E. Berne que afirma que conocer y cuidar al niño nos permitirá cambiar el argumento de nuestra vida.

En la introducción se nos habla de la transformación de niño a adulto que el autor quiere compartir con los lectores, de cómo es necesario dejar de ser niños heridos para vivir con plenitud. Define su propio libro como una herramienta para conectar con tu niño, transformar tus heridas y acceder a tu vida adulta. Hay antiguas heridas no curadas que siguen doliendo y contaminan al adulto que no le deja avanzar. La misión del adulto es rescatar al niño, porque ese niño nos está esperando.

“No elegimos nuestras experiencias, pero sí qué hacemos con ellas”

El capítulo I va dedicado a la actuación del guía que da comienzo con una frase de Pau Casals. Debemos enseñar a nuestros niños heridos, nacemos siendo indefensos y dependientes y se nos equipara con los animales.  Necesitamos ayuda y el autor lo llama sherpa o guía (que deben ser los padres), aunque a veces ellos no saben hacerlo mejor. ¿Qué aportan los cuidadores y el objetivo de una buena crianza? El niño debe recibir amor de un adulto que cubra sus necesidades, pero hay en ocasiones que la información que recibe el niño del adulto puede ser contradictoria porque el adulto transmite sus heridas. El niño se conforma como un proceso abierto que en base a la información que recibe elabora una idea de sí mismo y el adulto debe ser consciente del mensaje que le da al ser en “construcción”.

De la importancia de adquirir una inteligencia holística a través de varios tipos: emocional, cognitiva y corporal. Y de recordar las cinco libertades existenciales que extrae de Virginia Starr. El niño recibe información del exterior (de su madre por poner un ejemplo) y cree lo que se le dice, porque un niño no sabe filtrar lo que se le dice de pequeño. El niño vive la realidad y disfruta aprendiendo en el mundo y es importante facilitar el puente entre el niño y su experiencia y aceptarla como válida.

Las afirmaciones las divide el autor en modo verbal y no verbal. Antes de continuar tengo que hacer hincapié en la cantidad de ejercicios que vamos a encontrar a lo largo del libro y os invito a realizarlas porque va a ser un descubrimiento para vosotros.

Facilita al niño el reconocimiento de lo que le sienta bien o mal y del apoyo de la figura adulta, porque si no vive realizando un sobreesfuerzo que el niño no está preparado, el cuidador debe ser primario y el cerebro se configura en los primeros años de vida. El autor nos habla del software cerebral fruto de la interacción entre los genes y experiencias que vivan, y de la manera en que es tratado el niño afecta a su autoestima y al modo de relacionarse.

“Sanar niño herido es actualizar nuestro software”

De cómo hay que romper los esquemas y creencias del niño y las vías que debe utilizar el adulto. Uno de los ejercicios que destaco de este capítulo es: cómo fue tu guía y te diré como caminas. La ética del cuidador debe facilitar o dificultar el tránsito por la vida. Aprender a mirar con respeto y atención, cómo y dónde. A través de Eva Bach conocemos los derechos del niño.

El capitulo II habla sobre El niño herido condiciona al adulto y da comienzo con una frase de M. Montessori. Somos seres vulnerables expuestos al cuidado y el autor nos regala un poema de Joan Margarit “Gente en la playa” sobre el amor y el cuidado del niño y la importancia de la escucha.

“Apoyar al niño y permitirle equivocarse es el mejor método de enseñanza”

El niño necesita un guía para conocer el mundo interno y externo, ya que responde a lo que recibe. También se habla de las dificultades de la crianza y de dónde se hiere. Uno de los aspectos hirientes es no poner límites a un niño que se manifiesta en el abandono. El niño debe sentirse seguro y acompañado para aportarle seguridad. Es importante sabe qué traumas tenemos de niños y reconocerlos.

El cuerpo lleva la cuenta de los traumas según Kolk y queda encapsulado y el autor nos da la definición de la palabra traumatismo y nos da ejemplos sobre traumas. El trauma no es un hecho externo sino una reacción paterna.

El autor nos habla de dos grandes heridas el abandono y la sobreprotección, o ambas mezcladas. Y el cómo reacciona el organismo frente a las heridas, y qué ocurre cuando el niño está herido que no puede conectar con las emociones no atendidas. El adulto debe permitir al niño vivir experiencias porque se construirá desde ellas.

Se nos habla más en concreto de la herida del abandono dividido en físico y emocional y cómo se sienten. El niño siente que tiene poco valor por cómo fueron sus padres y cómo se desarrolla. La sobreprotección no es amor, es debilitar al niño y quitarle el camino de desarrollo para conformarse al ser que es.

“Cuidar a un niño satisfaciendo los deseos del adulto es una agresión”

Se sabe que un niño ha sido sobreprotegido porque se manifiesta a través de unos signos y tiene baja tolerancia a la frustración, el exceso de amor o cuidados puede convertirse en tóxico. Hay otro apartado en el que se habla de las heridas de tus padres (padre-madre), y de la importancia de sanarlas para no boicotear la felicidad, de no entrar en el dolor y permitir asimilarlo y disolverlo. El esquema de una situación traumática se divide en: percepción, secuela físico-emocional, gestión disfuncional, efecto vida adulta. No querido por lo que soy en relación de pareja y la herida viene de la demanda del hijo a su padre o madre.

Es necesario diseccionar el asunto a nivel emocional, cognitivo y corporal. La resiliencia como respuesta a la supervivencia psicológica a que están obligados a recurrir los niños heridos. El capítulo segundo acaba con un cuento El campesino y el burro y su propia conclusión.

“La vida son instantes, habita en ellos”

El capítulo III, El camino hacia el autoconocimiento y comienza con una frase de Joan Margarit. Se habla de que lo traumático se repite a lo largo de toda la vida cuando se han sufrido situaciones dolorosas y es importante remodelarnos, hacer el duelo y liberarte de lo que te dolió. Para llegar a un desafío vital en el que crecer implica tener conciencia y esfuerzo, así como de los traumas infantiles unidos con el fenómeno de la transferencia. Detectar traumas para que no emborren el presente, ya que el pasado a veces invade el presente y lo contamina. ¿Desde dónde hacemos o decimos las cosas? La autosanación es posible y cada repetición es una oportunidad para sanar las heridas y profundizar.

El capítulo IV, Reconocer las secuelas y se habla sobre cómo se manifiestan: la codependencia y las dificultades para vivir en el yo igual, vergüenza tóxica, dificultades narcisistas, actitud defensiva, retroflexión y aislamiento, dificultad para reconocer, sostener y gestionar las emociones básicas, dificultad con la autoridad propia y ajena y de todas ellas se habla de sus síntomas. El autor nos habla de la gran secuela, la confianza básica dañada y de la importancia de revisar los traumas. En la narración también se entremezclan historias de sus pacientes.

El capítulo V, El proceso de la curación. Lo primero de todo revisar la infancia, reconocer el dolor, que se basa en los pasos de John Bradshaw en el que el pasado no influya en el presente ni en las relaciones, desinfectar las heridas a través de las emociones y desbloquearlas, retornar al amor (amar a tus padres porque es voluntad mamífera y los hechos para amar), recuperar al niño natural o al niño libre, no todo está tan mal y conectar con ese niño campeón y  qué se debe recuperar de él.

Según Carmen Guerrero, hay unas pautas que los padres deben asegurarse que cumpla su hijo y el autor nos extrae una carta que Jung escribió a J. Carrie en 1919. De la importancia de rescatar las caricias y las teorías de algunos que definen que hay caricias positivas y negativas. Reconocer a los aliados y dar luz. De reconocer que somos imperfectos y que hay que perdonar. Cerrar heridas como señal de autorrespeto y tratar lo psicológico como lo físico.

El capítulo VI, Las piedras del camino, definida por el autor como la gran misión. Se habla del viaje del héroe, en relación del camino adulto para sanar a su niño y restaurar lo dañado. Se nombra a Perls como fundador de la terapia Gestalt y de la importancia de no culpar a nadie. De la no necesidad de enfadarnos por lo que sentimos y no sufrir, pero no juzgar a los padres, porque ellos eran lo que eran.

“La realidad nos sana, aunque a veces duela”

La verdad junto con la actitud firme y texto de Jeff Foster, se habla sobre un ejercicio sobre acunar la tristeza de tu niño y no caer en el autoengaño y respetar tu propio dolor.

Con el capítulo VII, llegamos a El adulto como guía de su antiguo niño interior. El autor nos explica ¿qué se hace en terapia? De la importancia de estar revisándose y creciendo continuamente, de cómo compartimos con alguien lo que duele y que atiende al sufrimiento humano. Revisar el niño cambia el manejarnos de otro modo en nuestras relaciones. Es importante aclarar las cosas con los progenitores y mostrarles tu dolor a partir de un solo mensaje: Yo solo era un niño.

Habla con tu niño para poner fin al sufrimiento y el autor nos muestra el texto que él le escribió a su niño. Ver qué cosas desea tu niño y dónde están las heridas, y hablarse con un diálogo amable. De sentirte diferente a tu familia y a través de un ejercicio deshacerte de los roles asignados, de las primeras leyes de los padres y de cómo vivir con las creencias e ideas que tenemos de nosotros y que te pueden quitar poder personal.

Cómo teníamos que ser según los padres. Se nos juzga por el acto no por la relación que guarda con el acto. Y de la idea de sí mismo con juicio del exterior. El autor nos realiza una propuesta, la reparentalización, crear la figura del cuidador sustituto y los aspectos del proceso. De cómo son los cuidadores de origen y de cómo tiene que ser el nuevo cuidador adulto para llegar a la separación final con los padres originales y vivir el vacío tan necesario.

“Hacer duelos te permite aligerar la carga de mochila”

Y llega el momento de tocar ser quien soy, ya que tú eres único, y una pregunta ¿quién soy ahora? De realizar un viaje de individualidad y llegar a ser tu mejor versión YO SOY, ya no hay ego, lo mío es mío. De comenzar el inicio a la luz y aprovechar la oportunidad. Nos acompaña ahora un texto de M. Williamson para llegar al yo profesional.

Acabamos con el capítulo VIII, El necesario trabajo de conciencia de los padres. Ahora toca el lugar para los padres. El trabajo interno va bien a cualquier adulto para que los hijos no tengan la culpa de lo que nos pasó. El autor nos hace una lista de padres confundidos y te hace reflexionar sobre cuál te identificas. Primero indagar y escuchar la voz crítica porque no es fácil educar a un niño.

“Hacer un duelo es doloroso, pero más lo es vivir condicionado”

Ser padre exige responsabilidad de trabajar el niño para proyectar lo menos posible las secuelas de heridas porque educarás desde ellas. Tu hijo no eres tú y se trabaja el “interser”. Definición de A. Mello sobre la autobservación y la fábula de los tres leones. Los automatismos y la forma en que influye en tu hijo. Trabajar nosotros mismos y tener un buen cuidador que atiende y respeta la experiencia del niño. Y tener muy claro que lo mío es mío y lo del niño es de él. Se habla de las situaciones que nuestro hijo nos requiere preguntas y chequeo emocional y otras preguntas a nivel interno que pasa por observar el diálogo interno y atendernos de la manera más amable posible. De la importancia de mirar sin juicio y con una mirada compasiva. De llegar a ser unos padres dispuestos a ser gimnastas atencionales. También se explica en este capítulo cómo vivimos lo que nos sucede de tres formas: corporal, emocional y cognitivo y la importancia de la respiración y la postura. El autor nos invita a jugar a interpretar los hechos de una manera y buscar las formas de autochequeo.

De la necesidad de escuchar las emociones a través de las señales del organismo y que nos informan lo que nos pasa y de cómo vivimos lo que vivimos, se habla de las cuatro emociones básicas: alegría, tristeza, rabia y miedo. Darle espacio y familiarizarse con ellas ya que conforman nuestro carácter. El autor nos da un cuestionario emocional, para indagar en la relación con la emoción infantil y la emoción no permitida.

El niño no es un adulto perfecto sino un ser atento de las acciones paternas que habilitan o dificultan la vida infantil con un ejercicio muy significativo sobre los debería paternos y maternos. Ahora se habla de Maturana que nos dice que el lenguaje nos hace humanos y de la importancia del impacto de las palabras y de la curiosidad como emoción básica que nacemos con ella.

De la importancia de cómo hablarle a un niño a través de ejercicios que nos plantea el autor en relación a los cuentos que escuché de pequeño. El niño registra lo que siente al satisfacer las necesidades e implica unos procesos: modos de guiar al niño, detectar necesidades y orientarlos para gestionarlas y otros factores para ayudar a configurar una autorregulación sana en el niño, ya que está comprobado que un niño con autorregulación es un niño con más éxito académico, mejor salud y menos propensos a sufrir adicciones y para ello el adulto debe conectarse con su voz interior.

En Para tu reflexión se nombra a E. Shackleton y se habla de la consciencia de la sociedad y de los cuidadores. De ser amables con nosotros mismos porque no nacemos siendo padres y en tener confianza entre padres e hijos. Otro ejercicio nos lleva a finalizar el libro y trata sobre la flexibilidad de los padres y conectar con la madre, para ganar autoestima y fijar el punto de apoyo para caminar en la vida desde el respeto y la autenticidad. De la responsabilidad como valor primario y como último la confianza, el adulto ser responsable del niño y de atender sus necesidades y sus derechos

Llegamos al fin del libro con una conclusión en la que el autor nos habla de ese niño que nos espera, y te hace visualizar un bosque y a un niño que va hacia ti y que tienes que abrazar fuerte, ya que la guerra ha terminado y has ganado.

¡Inmensas gracias al autor por regalarnos este estupendo libro que te hace reflexionar y crecer más si cabe en el camino del autoconocimiento! ¡Enhorabuenas sinceras!

Reseña del libro Aprende a cuidar de tu niño interior de Jordi Gil
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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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