Literatura popular

En literatura, no existe necesariamente contradicción alguna entre popularidad y seriedad moral. Por ejemplo, Dickens escribió muchas de sus novelas por entregas, en revistas, para llegar hasta un público más amplio, pero estas han conservado su atractivo popular justamente porque indagan en cuestiones morales que parecen tener amplia relevancia. No obstante, al hablar de literatura popular se hace referencias a obras de ficción que atraen a una masa de lectores, pero que los críticos literarios no consideran dignas de estudio académico. Pero esta actitud ha cambiado en los últimos años y las obras de literatura popular se estudian; no por su mérito literario sino por lo que revelan acerca de la sociedad que las produce y las consume.

La literatura popular abarca una amplia variedad de géneros. Si bien cada uno de ellos tiene sus propias características, hay varias básicas y compartidas, la fundamental de las cuales es que llegan a un público vasto y variado.

La segunda característica es que se suele escribir según ciertas fórmulas; esto se aplica incluso a la mayoría de las novelas de detectives y los thrillers, cuyos argumentos, a pesar de partir de algo se desconoce, por lo general comparten una estructura bien establecida.

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A lo lectores de casi todo tipo de literatura imagespopular les agrada anticipar lo que va a ocurrir. No quieren sorpresas sino repetir la experiencia de disfrutar con la lectura de novelas semejantes. En las novelas románticas y best-sellers, por ejemplo, héroes y heroínas cambian de nombre, nacionalidad, vehículo y empleo, pero básicamente son siempre los mismos.

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Una característica común es que se concentra en la acción y los diálogos, más que en especulaciones o relaciones internas. Además, tiende a usar el lenguaje cotidiano y a evitar las descripciones largas. Todas estas características aceleran el ritmo narrativo y lo diferencian de la escritura que suelen valorar los críticos literarios.

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HISTORIAS DE DETECTIVES Y THRILLERS

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La llamada novela de sensaciones del siglo XIX, un tipo de ficción en la que abundan los sucesos sorprendentes y los secretos culpables, fue una precursora clave de la actual novela de detectives. Su máximo representante fue el inglés Wilkie Collins (1824-1889), cuyas novelas de misterio y suspense se caracterizaban por lo ingenioso de la trama y la minuciosidad de los detalles descriptivos. En La piedra lunar (1868), Collins escribió lo que muchos consideran la primera novela de detectives en inglés.

El escritor estadounidense Edgar Allan Poe ya habia proporcionado el modelo 25 años antes, en cuentos como Los crímenes de la calle Morgue (1841), donde aparecía el detective Dupin. Pero Collins y escritores británicos como sir Arthur Conan Doyle, el creador de Sherlock Holmes y G.K.Chesterson, autor de las historias del “Padre Brown”, popularizaron el género detectivesco.

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Las décadas de los veinte y treinta de presente siglo, suelen describirse como la “época dorada” de la novela policíaca. Durante este período, dos escritores elaboraron y perfeccionaron la historia de detectives “clásica” en inglés: Dorothy L. Sayers, creador del aristócrata investigador lord Peter Wimsey, y Agatha Christie quizá la escritora más famosa del género, cuyos principales detectives son un belga cerebral, Hercules Poirot, y una encantadora anciana solterona, la señorita Marple. Entonces también se establecieron las reglas del género: la principal es que el autor debe “jugar limpio”, sin ocultarle al lector ninguna información vital que le permita averiguar quién es el culpable.

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En los últimos años, las novelas de espías de John Le Carré que combinan un austero realismo con argumentos elaborados, han obtenido el favor tanto del público como de los críticos. El apacible agente secreto George Smiley aparece en muchas de las novelas de Le Carré, en especial en El espía que surgió del frío (1963) y La casa Rusia (1988).

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CUENTOS DE HORROR Y DE FANTASMAS

Los cuentos sobrenaturales abundan en la literatura popular, pero hasta la aparición de la novela gótica, en la segunda mitad del siglo XVIII, no se le dio expresión literaria a la creación de temor y curiosidad. Las novelas góticas, con sus paisajes atmosféricos, poblados de heroínas aterrorizadas y monjes siniestros, fueron las precursoras de los actuales cuentos de horror y de fantasmas. Durante la época romántica, el género gótico evolucionó y su credibilidad literaria fue en aumento gracias a Edgar Allan Poe en Estados Unidos y a E.T.A. Hoffmann en Alemania.

Los cuentos de vampiros abundan en el folclor del este europeo. La actual popularidad del vampiro se debe en gran parte al éxito obtenido por Drácula (1897), una novela con influencia gótica escrita por el irlandés Bram Stoker. La figura del conde Drácula, procedente de Transilvania, con su palidez mortal, sus afilados colmillos y su ropaje negro, se convirtió en modelo para incontables imitadores e inspiró numerosas versiones cinematográficas de la leyenda del vampiro.

Las historias de vampiros, junto con relatos de adoración al diablo y lo oculto, son habituales en la producción de los recientes autores de la ficción popular de horror, entre los que destacan Dennis Wheatley en Gran Bretaña y Stephen King en Estados Unidos.

CIENCIA FICCIÓN

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Tiene una famosa precursora en el siglo XIX: El doctor Frankestein de Mary Shelley, un cuento con influencias góticas, acerca de la experimentación científica. Pero el género de la ciencia ficción, tal como lo conocemos en la actualidad, no comenzó a surgir hasta fines del siglo XIX en las novelas científicas del francés Jules Verne y en las del inglés H.G. Wells. Estas introdujeron los temas que predominarían en ciencia ficción en años venideros: viajes en el tiempo en La máquina del tiempo (1895), invasiones del espacio exterior en La guerra de los mundos (1898) y experimentos quirúrgicos en La isla del doctor Moreau (1898).

La rápida evolución en campos como la navegación espacial y la informática, después de la Segunda Guerra Mundial, dio mayor ímpetu a las exploraciones ficticias de las posibles consecuencias del progreso científico. En la década de los ciencuenta aparecieron las “fantasías lógicas” del inglés John Wyndhamm, entre las que destaca El día de los trífidos (1951), donde la catastrófica invasión de unas plantas carnívoras móviles irrumpe en las rutinas de la vida cotidiana del planeta.

La preocupación de los escritores de ciencia ficción ante posibles avances humanos negativos es compartida por una cantidad de escritores de ficción más evidentemente “seria”. Aldoux Huxley en Un mundo feliz y George Orwell en 1984 ofrecieron visiones terribles del futuro, presentando ciertas tendencias políticas, sociales y científicas del siglo XX de forma extrema y desagradable.

LO FANTÁSTICO

Lo fantástico se superpone con la ciencia ficción al tratar con un mundo alternativo en el que se desarrollan acontecimientos inesperados, improbables o sobrenaturales. No obstante, en un principio la escritura fantástica estuvo destinada a un público infantil, si bien en el siglo XIX numerosos críticos y eduadores la rechazaron por considerarla escapista, en la creencia de que a los niños había que enseñarles a relacionarse con el mundo real.

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Dos de los primeros ejemplos de escritura fantástica para niños fueron Alicia en el país de las maravillas (1865) de Lewis Carroll y Pinocho del italiano Carlo Collodi. Gran parte de los relatos fantásticos en inglés se escribieron en el período de entreguerras; el ejemplo más influyente de la época fue El Hobbit (1937) de J.R.R. Tolkien que crea un mundo mitológico y rico, posteriormente desarrollado y ampliado en El Señor de los anillos, cuya combinación de “espada y brujería” tendría muchos imitadores.

Estados Unidos se convirtió en proveedor de la mayor parte de la literatura fantástica en la década de los sesenta. Escritores como Ursula Le Guin y Madeline L’Engle continuaron con la tradición establecidan por Tolkien y su colega de Oxford, C.S. Lewis, creando mundos fantásticos donde se representa con toda claridad la batalla entre el bien el mal.

LA NOVELA ROMÁNTICA

Es un género que practicamente sólo leen las mujeres. Su argumento gira en torno a lo que se logra mediante el verdadero amor; en todos los casos, este amor encuentra un obstáculo, pero después de demostrar que es digna de él, la heroína en general acaba conquistando a su amado.

Tal vez más que cualquier otra rama de la literatura popular, la novela romántica emplea ciertas fórmulas para los argumentos y los personajes, y también utiliza descripciones fijas y frases hechas. En consecuencia, los autores de novelas románticas más experimentados, contratados por editoriales especializadas, son capaces de escribir sus novelas con gran rapidez.

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Las novelas romántica suelen situarse en ambiente histórico. Escritoras como Catherine Cookson, Georgette Heyer y Victoria Holt usan el pasado para proporcionar fondos pintorescos, estilos de vida elegantes y hombres viriles, dando a entender que ya no quedan todas estas cosas en la actualidad.

Aunque la ficción romántica presenta a la mujer como un estereotipo pasivo y sacrificado, de su popularidad se deduce que trata problemas reales en las vidas de muchas mujeres. Las “soluciones” ficticias que ofrece tal vez indiquen la manera en que las mujeres se han adaptado a los problemas que se les plantean por el hecho de ser mujeres en sociedades dominadas por hombres. No obstante, muchas feministas opinan que este género brinda satisfacciones ficticias que resultan problemáticas porque al parecer impiden que las mujeres luchen por lograr soluciones reales.

“BEST-SELLERS”

Por cuanto son leídas por un público amplio y variado, todas las novelas a las que nos hemos referido pertenecen a la categoría de best-sellers. Pero este término se usa en sentido estricto para denotar un tipo determinado de novela comercial muy planificada, que sobre todo pretende obtener rendimientos a corto plazo. Estas novelas suelen ambientarse en el mundo fascinante y ágil de las altas finanzas, con temas relacionados con la mafia, la corrupción financiera y emotivas luchas por el poder, aderezadas con ingredientes clave como sexo, violencia e infidelidades matrimoniales. En otros medios, estos temas han servido de base para “culebrones” como Dallas. Las novelas del estadounidense Harold Robbins cuyas ventas actuales superan los 200 millones de ejemplares, son típicas del género.

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