Y el cuento de La promesa encantada comienza así….

-Me temo,  que a  mi caballo lo encuentro un poco lastimado y torpe,  se ha debido de clavar algo extraño en una de sus patas delanteras y no puede caminar  muy bien-.

            Exclamó el joven caballero, bastante alterado y con la palabra temblorosa y ronca, antes de entrar en un cobertizo hecho con rastrojos de ramas secas y finos troncos de madera bien enrejados y tupidos, donde había un pequeño refugio para atar a los animales.

A continuación,  atravesando una vieja manta descolorida a modo de cortinaje  que cubría  un bello  arco de piedra,  se   adivinaba   la entrada  a  una gran casona vieja,  donde se amontonaban algunas herramientas ajadas por el uso y totalmente  desconocidas hasta ahora  para él, varios  aperos de labranza,  y numerosas cacerolas  y vasijas  medio usadas, que contenían grasientos   ungüentos y  pócimas. También había grandes fardos amontonados  de diversas raíces y  plantas silvestres, repartidos por toda la estancia,  que convertía aquel  lugar en un santuario de etéreos aromas y bálsamos.

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La promesa encantada

Cuento La Promesa Encantada de Mery Valcren

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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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