La literatura griega antigua abarcó la producción escrita en esa lengua por los habitantes del continente, las Islas Griegas, la Magna Grecia (Sicilia e Italia del Sur) y Asia Menor.

Su historia comprendió periodos claramente distintos: arcaico, clásico, helenístico e imperial. Letras, artes y ciencias tuvieron su primer florecimiento en las colonias jónicas del Asia Menor. Allí surgieron la epopeya (Homero), la historia (Hecateo de Mileto) y la filosofía (Tales de Mileto y sus sucesores).

La mayoría de los géneros literarios del Occidente moderno fueron inventados, o al menos formalizados, por los antiguos griegos: la épica, la poesía elegíaca y lírica, el drama, la pastoral, la historia, la oratoria e incluso la filosofía. A finales del siglo IV a.C. los eruditos de Alejandría compilaron y anotaron una selección de textos griegos. Todo lo que ha sobrevivido de la literatura griega antigua figura en esa selección.

Periodo arcaico (siglos VIII-V a.C.)

La perfección artística y técnica de los poemas épicos de la Iliada y la Odisea, atribuidos a Homero y que se cree fueron redactados alrededor del siglo VIII, permite calificarlos como el resultado de una actividad creadora de siglos de tradición oral.

La obra de Hesíodo tuvo como intención instruir y fue el origen de la épica didascálica. Su Teogonía primera tentativa de organizar el caótico panteón helénico, trazó una genealogía de los dioses a partir del caos primordial. Hesíodo buscó en el mito una explicación profunda de la realidad en la que vivía, y por tanto, una garantía transcendental contra la injusticia. Fue el primero que planteó en términos explícitos el problema de la relación entre ley divina y justicia humana, que a partir de entonces tuvo un lugar preeminente en la literatura griega.

La finalidad de su obra, Los trabajos y los días, fue preparar a los hombres para el trabajo entendido como acto moral y religioso. Pocas décadas después, en las nuevas ciudades –estados agitadas por las luchas internas y los movimientos migratorios, los poetas líricos reaccionaron con gran originalidad ante los múltiples estímulos. Las diferentes épicas proporcionaron campos para el desarrollo del punto de vista individual y fueron el preludio a la reflexión de la poesía lírica.

A partir de finales del siglo VIII los elegíacos desarrollaron una poesía de corte ocasional (amatoria o militar, sobre todo). Tres grandes poetas elegíacos surgieron entre los siglos VII y VI; Tirteo, Mimnermo de Colofón y Teognis.

Respecto a la poesía lírica en los siglos VII, VI y V surgió una profusión de cultores: Arquíloco, que perfeccionó la poesía yámbica, Alceo Alcman, Estesícoro, Íbico y Baquílides, son nombres destacados. Especial importancia tuvo Safo con su poder para la descripción de intensos sentimientos en un lenguaje directo y gráfico. Más de medio siglo separó el apogeo de la lírica lesbia del auge de la obra de Anacreonte a quien los filósofos de Alejandría incluyeron en el canon de los nueve líricos ejemplares.

Periodo clásico (siglos V-IV a.C.)

En la primera etapa, maestros de la lírica como Simónides, Barquílides y Pindaro elaboraron en complejas estructuras los elementos que configuran el canto coral. Mucho se ha conservado de la obra de Pindaro, quien gracias al dominio de una forma sofisticada y compleja consiguió en sus Odas una poesía coral de notable esplendor.

El renovador de la poesía ática es Antímaco de Colofón (siglo V), que anticipó en su obra las características de la alejandrina. Pero el protagonista de este momento correspondió a los poetas trágicos. El poeta ático del periodo clásico se consideró, sin sacrificar por ello su individualidad, un portavoz de la colectividad.

La literatura de esta etapa presuponía una apasionada indagación colectiva sobre los ideales y fines de la ciudad-estado democrática. Como ciudadano, el poeta era el encargado de una tarea pedagógica: el público exigía que la alta poesía lo guiara en su conducta cotidiana y en su compromiso con los valores superiores. Esta concepción de la literatura hacía irrelevante el que los textos escritos circularan y solo a través de su representación las obras conseguían popularidad.

La riqueza y complejidad del pensamiento poético del dramaturgo Esquilo que desarrolló en su obra el tema de la relación del hombre con los dioses, queda ejemplificada en su trilogía, la Orestíada. Entre las tragedias de Esquilo y las de Eurípedes, las de Sófocles, suponen una situación intermedia de detención y equilibrio en la evolución del género. La perfección formal de sus piezas la convirtieron en epítome del drama griego clásico. Polémico en su propia época, Eurípedes fue por su parte autor de obras en las que se muestra osadamente moderno en su interés por la patología de las emociones extremas.

El drama cómico griego alcanzó su cima con Aristófanes. En el siglo IV la llamada Comedia Nueva, movimiento del que Meandro es el máximo representante, parece tener más relación con ciertos dramas “burgueses” de Eurípedes que con los modelos de la Comedia Media que le habían precedido y que desarrollaron preferentemente temas mitológicos.

Hacia la época en que vivió Menandro la comedia ática había comenzado a abandonar los asuntos públicos para concentrarse sobre todo en personajes y caracteres de la vida cotidiana. El siglo V tuvo también sus grandes obras en prosa. Heródoto el iniciador del método histórico en Occidente, fue autor de la más antigua cultura europea: Historias, cuyo lema son las guerras médicas y sus preliminares.

En Historia de la guerra del Peloponeso, la más grande obra histórica de la antigüedad, y primer análisis político y moral de una guerra. Tucídides relató con objetiva distancia, en un estilo que es modelo de condensación y limpieza, la guerra que en el siglo V enfrentó a Atenas con Esparta. Aunque la obra principal de Jenofonte de Helénicas, donde narra las complejas consecuencias de la guerra del Peloponeso, su nombre ha perdurado por Anábasis, que lo muestra como un precursor de la historiografía helenística. En la oratoria destacó la labor de Demóstenes, cuyos discursos sirvieron como modelos en el arte de la persuasión. Grande fue también la influencia de Isócrates, como maestro en el arte retórico.

La actitud crítica que penetró en la poesía y la historiografía del siglo V se expresó en el campo especulativo en la revolución “iluminista” iniciada por el filósofo Anaxágoras. El estudio racional de la naturaleza, del hombre y de las instituciones políticas tendió a subvertir los criterios tradicionales, especialmente el pensamiento mítico sobre el que se fundó todo, incluso las instituciones del Estado. Las obras de Platón, además de piezas filosóficas son escritos literarios de gran contenido poético. Aristóteles, creó con su monumental obra un completo vocabulario para la crítica literaria y el pensamiento filosófico y científico. Con el ocaso de las ciudades-estado los fundamentos lógicos y éticos de los sistemas de Platón y Aristóteles perduraron a través de las escuelas filosóficas, aun cuando la conciencia comunitaria cedía su lugar a concepciones individualistas y cosmopolitas. Y aunque el mito perduró en la creencia común, desapareció de la literatura como vehículo de nuevos conocimientos.

Periodo helenístico (Siglos IV-III a.C)

La literatura de este periodo se remite todavía a las fuentes arcaicas y clásicas, pero no ya en lo que respecta a sus contenidos sino a sus formas lingüísticas y métricas. Cultiva temas diferentes raros, acordes con la voluntad erudita de la época y se vuelve con elegante finura estilística hacia lo íntimo y privado. La vasta producción de esta etapa desapareció en su mayor parte.

La poesía didascálica está representada por Arato y Nicandro. Calímaco contribuyó a colocar el epigrama en la cima que alcanzó durante este periodo y gozó de una vasta influencia tanto entre sus contemporáneos como en autores posteriores en especial los latinos. Pero el poeta más original del periodo fue Teócrito, cuyos Idilios, por su perfección literaria y estilística, constituyen una de las obras más logradas de la literatura griega. Teócrito logró establecer un género en la Antigüedad y ejerció durante siglos una enorme influencia en la literatura. De la poesía épica solo quedó como testimonio la gran epopeya Argonáutica o Viaje de los argonautas de Apolonio de Rodas. Pero el gusto helenístico prefería el poema breve. El epigrama, inscripción votiva o sepulcral en su origen, se convirtió en dúctil vehículo para la expresión subjetiva y retomó el camino abierto por la literatura arcaica. En el siglo I Meleagro de Gádara realizó una selección de epigramáticos griegos, lo cual fue utilizado más tarde, a principios del siglo X d.C. en la gran Antropología palatina que reunió 3.700 epigramas de todas las épocas.

Periodo imperial (desde Augusto al siglo VI d.C.)

La literatura de este periodo fue expresión genuina de la civilización bizantina y constituyó un interregno entre la antigua, en griego clásico, y las obras modernas en lengua vernácula.  A menudo tendía a lo grandioso, tanto en las dimensiones como en la elección de sus temas. Dominó la retórica y la imitación, que se habían impuesto a partir del siglo II a través del movimiento de la segunda sofística, cuyos retóricos promovieron un retorno a la lengua ática de los clásicos.

Surgieron originales pensadores como los emperadores Marco Aurelio y Juliano y neoplatónicos como Plotino y Proclo. Particular importancia tienen para la historia literaria Plutarco, quien debió su fama a la literatura biográfica, especialmente a su célebre Vidas paralelas y Luciano, uno de los más notables representantes de la segunda sofística que con Historia verídica realizó una briosa parodia de la entonces en boga novela de peripecias. Otros novelistas del periodo son Aquiles Tacio, Jenofonte Éfeso, Eliodoro, Caritón. Cabe señalar aparte la habilidad literaria de Longo con su célebre novela pastoril Dafnis y Cloe.

Si en los primeros precedentes fue la poesía el género dominante, a este periodo corresponde el auge de la prosa. A excepción de algunos epigramáticos hubo escasos poetas relevantes. En el siglo IV se vivió un renacimiento de la épica con Quinto Smirneo y Nono de la Panópolis.

El carácter estático de la sociedad bizantina se reflejó en su conservadurismo en el uso de las formas literarias y de la lengua. Así, mientras la lengua de la vida cotidiana era el griego moderno, la literatura se aferró a las formas del discurso helenístico. Ese tradicionalismo conservó para la posteridad lo mejor de la literatura griega.

Literatura bizantina

Abarca el periodo que se extendió desde la época de Justiniano hasta la caída del imperio de Oriente en 1453. Figura importante de la primera etapa fue el poeta Romano autor de himnos religiosos. Abundaron los textos teológicos y hagiográficos. Fuera de esta variante tradicional cabe destacar la Novela de Barlaam y Josafat, compuesta probablemente en la primera mitad del siglo VIII. La segunda etapa estuvo dominada por la figura de Juan Damasceno quien recogió y ordenó la precedente literatura de la iglesia griega. El gusto enciclopédico de la época promovió la realización de selecciones como la Antología palatina y la Suda, fuentes de gran importancia para el conocimiento de la Antigüedad. Bajo la dinastía de los Comneno renació el interés por la historia, y en la época de los Paleólogos floreció la filología.

Literatura moderna o neohelénica

Entre los siglos XIV y XVI Quios, Creta, Chipre y las islas jónicas conocieron el florecimiento de una escritura que continuó los motivos de la tradición occidental. La relación con las ciudades italianas promovió la transmisión de la lírica del Renacimiento. Chipre fue sede de una escuela poética popular, el petrarquismo chipriota. Más ligada a Venecia, Creta presenta un panorama más complejo que dio en lengua cretense, poesía épica, pastoral, dramática y didáctica.

Con la toma de Constantinopla por los turcos en 1453, y la consiguiente incorporación de Grecia al Imperio Otomano, muchos eruditos griegos buscaron refugio fuera de su patria. Constantinopla tuvo una vida cultural aislada, ligada al mundo bizantino dominado por la iglesia ortodoxa. Más tarde, se produjo el despertar literario con “la cuestión lingüística” de importancia capital para el desarrollo de la literatura griega moderna.

Con la liberación del poderío turco (1828) Atenas, capital del nuevo reino, se estableció como centro principal de la vida intelectual griega. El poeta Dionisyos Solomós introdujo varias formas métricas occidentales y el uso de la lengua vulgar, y apuntó la manera que seguiría la poesía local después del Movimiento demótico de 1880.

La literatura griega moderna heredó dos estilos: el arcaico, conocido como katharevusa y el contemporáneo que recibió el nombre de demótico. En el desarrollo de estas dos vertientes el Movimiento Demótico alcanzó su punto de inflexión cuando un grupo de jóvenes poetas encabezados por K.Palamas fundaron la llamada Escuela de Atenas, como reacción contra la lengua arcaica y los excesos del movimiento romántico iniciado a mediados de 1800 por Alexandros Sutsos, que influyó durante años en la poesía griega. En 1888 Yiannis Pshiharis con Mi viaje ofreció el primer gran ejemplo del empleo de la lengua vulgar en la prosa. La batalla acabó con la victoria del demótico.

A principios del siglo XX la literatura del país se abrió a las nuevas experiencias europeas. Un gran poeta que permaneció ajeno a la influencia de la nueva Escuela de Atenas fue C. Cavafis. Su nombre junto al de G. Seferis, y Ritsos y O. Elytis son las cumbres de la poesía griega moderna. La Generación de 1930 produjo algunas novelas notables. El novelista más famoso internacionalmente es N.Kazantzakis autor de Zorba el griego (1946) y Cristo de nuevo crucificado (1954)

Conoce la literatura griega y su producción literaria
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Editado en Alicante por Eva María Galán Sempere
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